Participamos en Festival Reino Fungi con una activación sensorial sobre la comunicación del micelio y talleres de mediación artística y ciencia

Reflexiones sobre los cuerpos fructíferos, la diversidad del Reino Fungi y la búsqueda de una especie de hongo perdida, marcaron una nueva edición del festival realizado en Pucón por tercer año consecutivo. Con la puesta en escena de la obra Redes de escucha micelar, de los artistas Rodrigo Ríos Zunino y Rodrigo Arteaga, nos hicimos presentes en esta instancia, junto a dos talleres diseñados en conjunto con Fundación Fungi, Fundación Symbiotica y Museo del Hongo.

Entre el viernes 3 y domingo 5 de mayo se realizó una nueva versión del Festival Reino Fungi en Pucón, bajo la consigna de cuerpos fructíferos (estructura visible y reproductiva de los hongos), en que se  exploró y reflexionó sobre los cruces de arte, ciencia, educación y tecnología producidos al investigar y crear en torno a este reino  y las interacciones que generan. La apertura del encuentro comunitario estuvo a cargo de músicos como Andrés Condom y Akacia, junto a una lectura poética del Premio Nacional de Literatura, Elicura Chihuailaf.

Nuestra participación en el encuentro comenzó con la activación de la obra Redes de escucha micelar, de los artistas Rodrigo Ríos Zunino y Rodrigo Arteaga, haciéndose presente el primero de ellos, para brindar una experiencia performática, a través de una activación artístico sensorial compuesta de dispositivos de transducción sonora, táctil y visual que permitieron a espectadores de diferentes edades conectar con representaciones sobre la comunicación de las redes de micelio en diversos sustratos. A través de esta red de retroalimentación y de transducción táctil que incorporó vibraciones, sonidos, agua y muestras de la especie Pleurotus ostreatus (nombre común: hongo ostra) fue posible ver, oír y sentir a los hongos.

Al respecto, Ríos Zunino manifestó que la obra buscó generar un efecto espejo sobre la red de información, interacciones químicas, así como el envío y recepción de señales que subyacen en el micelio. “Junto a Rodrigo Arteaga procuramos inquietar a las personas para reflexionar, acercarse a un objeto e incitar diversos puntos de vista. Esta vez, el diseño de la performance logró entregar una narrativa discursiva que invita a repensar lo que entendemos por tecnología”, señaló el músico y artista sonoro, profundizando sobre cómo la experiencia activada por la obra remite a tecnologías “sensorialmente suaves”.

En busca de los hongos perdidos y el entrenamiento de los sentidos 

Entre las charlas y paneles del encuentro participaron representantes de Fundación Fungi y organizadores del festival, como Gabriel Orrego y Daniela Torres, quienes relataron su experiencia en terreno en el marco del proyecto Re:wild de la  búsqueda de uno de los hongos perdidos en el mundo –junto a micólogos de diversos países–, el Austrofalacius nahuelbutense o Big puma fungus, el cual solo había sido documentado por la ciencia por el micólogo Norberto Garrido y no había sido registrado en más de 35 años. Esta especie es endémica del bosque templado de la Cordillera de Nahuelbuta, “un tesoro biológico rodeado de plantaciones forestales que sigue siendo un paraíso ecológico con fauna, flora y funga”, en palabras de Orrego.

Ambos investigadores y divulgadores científicos fueron parte, además, de nuestro taller y salida a terreno llamado Lenguaje, cuerpo y micelio, desarrollado por ellos el sábado y domingo, respectivamente. Así, organizamos dos expediciones al sector de Rukapillan del Parque Nacional Villarrica, tras un cambio de locación debido a condiciones climáticas de nieve que impidieron el acceso a Bosque Pehuén, área protegida administrada por nuestra fundación.

Al respecto, nuestra directora de conservación, Amerindia Jaramillo, agradeció al Parque por acoger este taller en el parque y contextualizó el trabajo conjunto que se está realizando con Conaf región de La Araucanía  por medio de diversas iniciativas orientadas a la conservación y uso sustentable de de la Reservas de la Biosfera Araucarias, paisaje de conservación del cual forma parte Bosque Pehuén y las área protegidas del Estado de esta región. Asimismo, destacó la intención de generar iniciativas colaborativas que permitieran vivir una experiencia enriquecida desde los conocimientos científicos, experienciales y el arte, con el valioso aporte  de Fundación Fungi, Fundación Symbiotica y Museo del Hongo. 

En la salida a terreno, por su parte, el ecólogo Gabriel Orrego invitó a los participantes del taller a dilucidar las razones que hacen proliferar los cuerpos fructíferos de los  hongos en otoño: “El verano es muy seco para germinar. En esta estación, en cambio, llega la humedad, baja la temperatura, disminuyen las horas luz y se generan las condiciones para que esto pueda ocurrir”. Al mismo tiempo, explicó, se trata de un periodo en que “las plantas duermen o van a latencia invernal, periodo de translocación de azúcares hacia las raíces”, concentración aprovechada por el reino fungi a través de relaciones simbióticas con las plantas.

Daniela Torres, encargada de la oficina en Chile de Fundación Fungi, al inicio de la caminata, en tanto, apeló al entrenamiento de los sentidos en el bosque que nos invita a buscar texturas. La biotecnóloga describió diversas especies y conductas de los hongos que aparecieron en el camino  (especies que pueden ser nombradas en relación con su apariencia, tales como orejas gelatinosas, hongos puf y orejas de palo, entre otras). Así, durante el recorrido por el parque se vivió  un viaje “a través de los esporomas o cuerpos fructíferos, que son las expresiones macroscópicas que nos permiten presenciar estructuras efímeras de la manifestación del micelio, el verdadero cuerpo del hongo bajo la tierra (conformado por una red de hifas o filamentos)”. 

Torres además, reflexionó sobre las transformaciones que ha vivido este encuentro en estos 3 años, enfatizando en el carácter cíclico de los hongos. Así, explicó, “hemos nutrido las dos versiones anteriores del festival (micelio y sustratos, respectivamente) con manifestaciones sobre cómo nacen y aparecen las estructuras fúngicas, mientras que el próximo año hablaremos de las esporas que es como se diseminan los hongos”.

Tanto en el taller impartido el sábado como el domingo, nos acompañó Carola Roa, Directora de Aprendizajes de  Museo del Hongo, quien dio a conocer las salas virtuales de exposición sobre líquenes y hongos que ha desarrollado esta iniciativa de museo itinerante que busca expandir la conciencia de la comunidad sobre el entorno natural, mediante la creación de experiencias sensoriales con el arte y los hongos. Parte fundamental de su exposición fue la muestra de un video cortometraje sobre el trabajo con personas sordas que han liderado para crear un glosario del reino fungi, el cual pretende “poner en lengua de  señas conceptos básicos para comprender las relaciones de los hongos, tales como la simbiosis, así como tomar conciencia de nuestro cuerpo y múltiples planos de comunicación que se generan con todo el cuerpo”. La obra “Lengua de señas chilena para micología” está disponible en la página web del Museo del Hongo.  

En la línea de activación corporal, el taller también contó con la mediación artística realizada por la encargada de proyectos de aprendizajes de FMA, María Jesús Olivos, quien impartió una dinámica llamada La máquina del micelio, la cual invitó a los participantes a generar movimientos y sonidos que se vincularan a la experiencia vivida en las caminatas. Al finalizar del espacio, se invitó a todos a reflexionar sobre el aprendizaje, el asombro y las emociones activadas tras estas jornadas que incluyeron caminatas bajo la lluvia, nieve,  entendimiento de las dinámicas de estos bosques y la observación de hongos, que se revelaron en diversas formas, texturas y colores en este fin de semana otoñal en que se celebró a su reino.