Escuela de campo reunió a actores clave para la prevención de incendios en La Araucanía

Una jornada junto a las residentas del ciclo Ecologías de fuego y un diálogo entre investigadores, representantes de diferentes servicios públicos y gestores territoriales que apoyan la prevención de incendios, conformaron la Field School –escuela de campo– realizada junto al proyecto Smart Forests de la Universidad de Cambridge, el cual busca explorar la influencia de la tecnología aplicada al manejo de bosques en diversos territorios alrededor del mundo, entre ellos, la Región de La Araucanía en Chile.

Una caminata y exploraciones narrativas en torno a las obras de las cinco residentes del ciclo Ecologías de fuego, en Bosque Pehuén –área protegida por nuestra fundación– y una jornada de diálogo transdisciplinario, fueron parte de las actividades de la escuela de campo inserta en el proyecto Smart Forests. Así, más de treinta actores clave debatieron sobre trabajo comunitario, creación de redes y tecnologías para la prevención de incendios en la Universidad de La Frontera (UFRO), Temuco.

A partir de las recomendaciones y estrategias levantadas en el encuentro desarrollado en Temuco, se buscará diseñar colectivamente un plan comunitario piloto, orientado al manejo y prevención de incendios en la zona de Palguín, parte de  la Reserva de Biosfera Araucarias, uno de los nodos territoriales de la Red de Reservas de la Biosfera de Chile, figura de gestión territorial perteneciente a un programa global de UNESCO. 

Los invitados a participar en la escuela provenían de servicios públicos regionales (como Conaf región de la Araucanía, administración del Parque Nacional Villarrica y Seremi de Medio Ambiente); gestión territorial (como la Red de Prevención Comunitaria de Incendios y profesionales de la Fundación Arca Sur); e investigadores/as de la UFRO y Universidad Católica de Temuco (UCT). Además, dos de las residentes –Valeria Palma y Gianna Salamanca– se hicieron presentes en el taller.  

La directora de conservación de nuestra fundación, Amerindia Jaramillo, explicó que estos diálogos constituyen “fuentes de información relevantes que ayudarán a conocer brechas y oportunidades para el diseño de un mejor plan comunitario de prevención de incendios para la cuenca del Palguín, parte del trabajo que se realizará en una segunda field school el segundo semestre de este año, la cual constará de una serie de talleres en los que se buscará transmitir conceptos sobre prevención y control de incendios forestales y, al mismo tiempo, relevar los conocimientos tradicionales y ancestrales de las comunidades locales para elaborar un plan de prevención comunitario. 

Miradas diversas sobre prevención comunitaria

Antes del espacio de conversación se realizaron exposiciones a cargo de Jennifer Gabrys, directora de Smart Forests; Paola Méndez, representante de Fundación Arca Sur; Fernanda Romero, coordinadora de la Reserva natural Altos de Cantillana y presidenta de Así Conserva Chile; e Ignacio Gutiérrez Crocco junto a Sebastián Riffo de la Unidad de Artes y Desastres (Desartes), del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (Cigiden).

Gabrys, quien abordó cómo están cambiando las prácticas, redes y tecnologías contra incendios, expresó que las escuelas de campo buscan “articular un espacio para intercambiar puntos de vistas socionaturales, científicos y tecnocráticos que involucren a las personas de manera inspiradora”. Además, relató que Smart Forests ha replicado este tipo de iniciativas en otros países, tales como Indonesia, donde se han explorado vínculos entre el mercado de carbono y las comunidades de trabajo; mientras que en Holanda se ha indagado en datos sobre biodiversidad para la conservación en el contexto de una ecoaldea, entre otros

Otra de las exponentes fue Paola Méndez, desde Fundación Arca Sur, refiriéndose a herramientas comunitarias para la prevención de incendios forestales y la necesidad de incluir a las  comunidades de manera integral en la cadena de toma de decisiones, así como, “implementar planes que se diseñen e implementen a la medida de las dinámicas locales y sus problemáticas”. 

Por su parte, Fernanda Romero, dio a conocer la labor que desarrollan la reserva natural que coordina, la cual sufrió un incendio en diciembre de 2023, en línea con lecciones aprendidas y coordinación local. Entre sus reflexiones explicó que “una red de apoyo para la prevención se construye a lo largo de los años con juntas de vecinos, emprendimientos locales y apoyo de voluntarios”. A esto añadió que “la emergencia no termina en el verano, sino que continúa con un plan de restauración” y que, asimismo, aún falta en Chile generar conciencia del riesgo que implican los incendios forestales, sobre todo en zonas rurales. 

En cuanto a la presentación de Ignacio Gutiérrez y Sebastián Riffo de Desartes, ambos dieron a conocer la labor que desarrolla CIGIDEN y esta Unidad en particular, la cual promueve “el cruce entre encuentros interdisciplinarios, la construcción de un semillero de proyectos de arte, la circulación de obras, y la línea de investigación donde se inserta un archivo público de desastres” junto con difundir, producir y promover proyectos basados en arte y cultura para el estudio e intervención en desastres en Chile. En su presentación, además, expusieron detalles sobre el proyecto “Afectos del desastre” que corresponde a una instalación escénica inmersiva que explora la dimensión afectiva ante los desastres socioambientales. En la obra se buscó transmitir la experiencia de los incendios de Santa Olga, la contaminación en Puchuncaví, y la sequía en Quillagua.

Insumos para un plan piloto

Prácticas actuales de prevención de incendios; redes comunitarias y planificación; así como tecnologías empleadas para este objetivo, fueron las temáticas abordadas. La primera etapa se enfocó en el desarrollo y puesta en común de experiencias e iniciativas de prevención de incendios donde  los representantes de un ámbito específico discutieron de forma separada (servicios públicos, academia y gestores territoriales). 

Desde la academia identificaron prácticas como edificación con materiales para detener las llamas, cortafuegos y registro de prácticas ancestrales y locales; en tanto, los gestores locales destacaron la relevancia de abordar en los planes de prevención la participación y responsabilidad individual y colectiva a la hora de podar y realizar acciones orientadas al manejo y adaptación al cambio climático. Por su parte, desde el servicio público relevaron la restricción a las quemas de desechos agrícolas o domiciliarios, la prohibición del fuego en temporada estival y valoraron el desarrollo de programas de  educación con las comunidades locales, entre otros temas.

Asimismo, en cuanto a las redes, desde la academia se destacó el rol de organismos como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), el Centro UC de Desarrollo Local (Cedel), el Centro Laboratorio de Planificación Territorial de la UCT, y el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR); mientras que los gestores territoriales  se refirieron a la importancia del rol de  las escuelas, municipios y universidades. Por su parte, desde los servicios públicos destacaron la vinculación del Gobierno con unidades de emergencia municipal, la participación comunitaria en la gestión de riesgos y la coordinación público-privada.

Finalmente, sobre las tecnologías, el primer sector (académico) señaló recursos como los simuladores de incendios, modelos de combustibles y sistemas de información geográfica (SIG); mientras que los gestores estaban familiarizados con los sistemas de detección de incendios de Conaf y brigadas forestales; cámaras de detección de incendios y humo; estaciones meteorológicas y el empleo de redes sociales. Los servicios públicos apuntaron la importancia de las imágenes satelitales, drones, televigilancia y herramientas de simulación.

La última etapa de la escuela de campo consistió en un debate multisectorial donde se amplió la discusión hacia proponer estrategias y prácticas futuras que podrían mejorar el diseño e implementación de los planes comunitarios a desarrollar en territorios de montaña, como elaborar líneas de base, mapas de actores clave, educación ambiental desde la infancia y ordenamiento territorial realizado con las comunidades. Sobre la importancia de las redes locales se destacó la relevancia de las comunicaciones y la homologación de la información; mientras que sobre tecnología surgieron ideas como la alfabetización digital y educación preventiva y el fortalecimiento al  acceso de tecnología satelital en zonas rurales y con escasa conectividad.

Sobre los próximos pasos, los participantes de la escuela propusieron diversas recomendaciones para el diseño de planes comunitarios de prevención de incendios a nivel de pilotos, tales como el ordenamiento territorial a escala de cuenca y predial; considerar el valor de la prevención para abrir nuevas vías de financiamiento; educar, difundir, sensibilizar y comunicar; incrementar el acceso a recursos para hacer que la información sea más accesible y fortalecer la gobernanza local, junto con realizar campañas de educación ambiental para generar sentido de pertenencia territorial.