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(Español) 2026 | Temperaturas del paisaje

(Español) Diez duplas de educadores de La Araucanía se encontraron durante tres días en Pucón y Bosque Pehuén para explorar los ciclos, ritmos y huellas que las temperaturas dejan en los paisajes. Arte, ecología y cosmovisión mapuche emergieron como aproximaciones para renovar la educación y el bienestar desde el territorio.

(Español) El encuentro presencial de Docente Activo este 2026 fue acompañado por el sol. Entre el miércoles 8 y el viernes 10 de abril, diez duplas de educadores de La Araucanía, provenientes de comunas que abarcan de cordillera a mar, vivieron la primera etapa del programa. 

La experiencia reunió a profesores de ciencias, artes visuales, lenguaje, educación física, química y educación parvularia, entre otras disciplinas, y tuvo lugar en el Campus Pucón de la Universidad de la Frontera (UFRO), en la orilla del lago Villarrica, en el centro de estudios de campo Lodge Kodkod y en Bosque Pehuén, reserva natural de nuestra fundación.

La temática de esta versión, Temperaturas del paisaje, invitó a descubrir cómo la vida emerge y se transforma a través de los ciclos de la naturaleza en la cuenca del Toltén, explorando la temperatura como un elemento fundamental para los intercambios que ocurren en la atmósfera, el bosque y todos los cuerpos que cohabitan en un territorio.

La directora de aprendizajes de FMA, Manuela Méndez, afirma que como fundación “estamos atentos a diversos fenómenos socioecológicos, flujos y transformaciones que podemos observar a distintas escalas y dan cuenta de las temperaturas del paisaje”. Asimismo, explicó que “así como buscamos incentivar otros ritmos y puntos de vista, estamos conscientes de las exigencias que viven los docentes y cómo las metodologías que aquí se comparten deben ser adaptadas al currículum escolar, a sus necesidades y contextos”. 

Esta versión del encuentro reunió escuelas de realidades diversas, desde instituciones rurales que buscan afrontar problemáticas que afectan a especies particulares a establecimientos en la capital de la región que intentan afianzar perspectivas interculturales. Los desafíos socioecológicos que este año convocaron a las duplas, son tan diversos como sus territorios: el cuidado de las luciérnagas y sus hábitats en Pitrufquén, el uso consciente del fuego en Pucón, la cartografía de microecosistemas urbanos en Temuco, la protección del humedal de Trovolhue o la reconexión de la infancia con los saberes del lawen en Toltén, entre otros.

Amparo Irarrázaval, encargada estratégica de aprendizajes de FMA y quien dirige el programa, lo describe como un espacio de bienestar y cuidado que año a año se ha ido expandiendo: “Las realidades que aquí se encuentran son diversas y por lo mismo, la experiencia que ofrece el programa tiene que reflejar una flexibilidad y coherencia que permita integrar múltiples conocimientos, además de promover espacios de escucha profunda para conocer la realidad de los otros”.

Un diseño más transdisciplinar 

María Jesús Olivos, encargada de diseño metodológico de FMA, señaló que el concepto Temperaturas del paisaje se acordó de manera colectiva con el equipo de la fundación y que cada versión busca ser más transdisciplinar desde su diseño hasta la ejecución. Cabe destacar que al interior de todo el equipo FMA, que asistió presencialmente a esta versión del programa, habitan miradas desde las artes visuales, la educación, la ecología, la biología, las comunicaciones, la sociología, el diseño y la administración, entre otras.

Por su parte, Fiorella Angelini, coordinadora de mediaciones artísticas de FMA, elaboró recursos específicos en conjunto con el diseñador FMA Bastián Peréz para abrir los sentidos al entorno durante la experiencia presencial. Un ejemplo fue una postal cromática que permite comparar los pantones del cielo a través de una mirilla. “La creación de relatos solo se da cuando uno conoce algo y puede luego cuidar aquello. Lo que hace la mediación artística es dar ese espacio”, señaló Angelini, quien al mismo tiempo manifestó que el programa se articula como una invitación a “salir de la zona segura, darse un tiempo de descanso, pero también de activar otras zonas sensibles, no solo de la emoción o la razón, sino también de las relaciones humanas”.

La postal venía al interior de una bitácora especialmente diseñada para los participantes. Este recurso reunía, además, textos sobre el programa y Bosque Pehuén y definiciones de conceptos como transdisciplina, mediación artística y cuenca hidrográfica, además de ilustraciones de flora y fauna y preguntas como: “¿Qué nutre mis emociones?” y “¿Cómo recuperamos la pausa que nos ayuda a escuchar y sentirnos parte de la naturaleza?”.

Cuenca, huellas y voces del territorio

La jornada inaugural comenzó en el Campus Pucón de la UFRO con una activación corporal y ejercicios de collage, a través de los cuales cada dupla reflexionó sobre el propósito que la trajo al programa. Luego, se realizó una caminata hacia la orilla del lago Villarrica donde se abrió el primer bloque temático: cuenca y huellas.

En un bosque de boldos junto a la playa, los docentes utilizaron la postal cromática para identificar los colores y temperaturas del cielo y atravesando el bosque hasta la orilla del lago, el grupo se sentó en círculo para escuchar a Sebastián Carrasco, coordinador de proyectos de conservación de FMA, quien articuló el puente entre las experiencias artísticas y la perspectiva científica y ecológica del programa con la pregunta “¿qué huellas deja la temperatura en este territorio?”. 

“Acá vemos huellas principalmente de dos procesos: el vulcanismo y los glaciares. Uno tiene que ver con altas temperaturas y el otro con temperaturas muy bajas. Dos contrarios que modelaron este mismo paisaje», explicó Carrasco, agregando que “estamos indiscutiblemente insertos y entrelazados en una red muy dinámica y frágil” en que “la salud de un ecosistema tiene efecto directo sobre quienes lo habitan”.

Posteriormente, los docentes realizaron ejercicios de conexión corporal y una cartografía artística del entorno: con telas, pigmentos naturales, carbón, hojas, flores y hasta desechos encontrados en la orilla, capturaron las huellas, humanas y naturales, del ecosistema lacustre.

En la tarde, el grupo se desplazó hacia la ribera para encontrarse con Loreto Lagos, ambientalista puconina que trabaja desde 2017 articulando conocimiento territorial y técnico para incidir en la crisis ambiental que afecta al lago. En enero de 2025, Lagos lanzó una “Escuela de Ciencia Ciudadana”, iniciativa aplicada al cuidado de las aguas a cargo de jóvenes que analizan muestras del lago. 

En su encuentro con los docentes Lagos compartió la metodología de monitoreo con daphnias —microcrustáceos bioindicadores de la calidad del agua— y reflexionó sobre el rol territorial de quienes enseñan: “Fomentar la conexión con el territorio que es una de las misiones más importantes que tenemos como docentes (…) así como el propio amor que podamos generar con nuestros lugares”.

La tarde culminó en el Lodge Kodkod con una experiencia sonora a cargo de Nicolás Alvarado, músico investigador en residencia en Bosque Pehuén, quien junto al arquitecto Mauricio Lacrampette investiga sobre el puelche, el viento cálido de la cordillera. A través de una cuadrafonía de parlantes dispuestos para emular el perímetro del bosque, los docentes, bajo una luz de oscuro azul, escucharon composiciones hechas a partir de registros del interior de árboles, del viento y del río.

Montserrat Figueroa, profesora del Liceo Bicentenario de Pitrufquén, identificó en esa experiencia algo que puede replicarse en contextos más restringidos: el arte puede llevar el bosque a donde el cuerpo no puede llegar. “Hay cosas que nos resetean y nos dan energía. Y si las hacemos con los estudiantes, esa emoción se comparte y hay una complicidad. Eso es bienestar”, apuntó.

El bosque como laboratorio y como lenguaje

 

El segundo día, los participantes y el equipo de FMA se trasladaron a Bosque Pehuén. Antes de iniciar una caminata hacia la estación meteorológica ubicada al interior de la reserva natural, el educador y kimche (sabio) de Curarrehue, José Loncopan, y Ana Millaqueo, asesora intercultural de FMA, condujeron un llellipun, ceremonia ancestral mapuche de rogativa y agradecimiento, a la cual se unió Alexis Escalona Manquián, uno de los docentes participantes proveniente de la Escuela Arturo Prat de Temuco. 

Mirando hacia el Puel Mapu, el oriente, lugar donde nace la vida, Loncopan se dirigió a los cuidadores del cielo y de la tierra, pidió que ese espacio estuviese resguardado y que las relaciones entre quienes participaban fueran armónicas. El muday de piñones preparado por Ana Millaqueo tras la recolección o piñoneo del equipo el mes de marzo, circuló entre los asistentes como parte de la ofrenda.

Para Millaqueo, ese momento fue una apertura hacia el mapuzungun desde la emoción, un elemento indispensable para conectarse con el aprendizaje: “Si escuchas el río o el viento, puedes entender que el mapuzungun se relaciona mucho con el hablar de la tierra”. Asimismo, ella condujo un ejercicio con la postal «Zunguafen? / ¿podrías hablarme?», presente en la bitácora, e invitó a los docentes a pronunciar fonemas como el tx y la ü, reconociendo en los sonidos de la lengua los mismos sonidos del bosque. 

Palabras como kurruf (viento), mawün (lluvia), trukur (neblina) y pire (nieve) fueron dichas al unísono en la estación meteorológica Tres Hermanas, donde Felipe Guarda, encargado de evaluación y estudios de FMA, explicó el funcionamiento de la estación y compartió sobre la experiencia de monitoreo integrado que se realiza en Bosque Pehuén: mediciones de temperatura del aire, del suelo, de biodiversidad acústica y dendrocronología, entre otras.

Durante la caminata hacia el mirador, los docentes se detuvieron, se sentaron en silencio y distinguieron sonidos externos e internos, percibiendo la temperatura del viento en la piel y los ruidos propios del cuerpo. Un ejercicio llamado Temperaturas sonoras que algunos de los participantes describieron como uno de los momentos más significativos de los tres días.

Al caer la tarde, de vuelta en Kodkod, en una sala que asemeja a un nido, ocurrió una intervención artística colectiva sobre un lienzo de papel donde los docentes —con pigmentos naturales, carbón, hojas secas, hongos y ramas del bosque— plasmaron sus sentires en un dibujo libre y espontáneo. La obra que emergió fue un mapa sensible y colectivo de lo vivido.

Michael Rebolledo, del Liceo Público Trovolhue en Carahue, describió el dibujo colectivo como algo que llegó “de manera súper oportuna” al final del día: “Le encontré un poco más de sentido a todo lo vivido durante la jornada. Me sentí muy bien».

Brotar, polinizar, fructificar

El último día los docentes trabajaron en la planificación de sus proyectos, inspirados por lo vivido a nivel sensorial y metodológico. El taller «Polinizar», organizó el trabajo colectivo con una lógica botánica y pedagógica a la vez para identificar herramientas y nutrir su proyecto con preguntas y sugerencias. Finalmente, en «Fructificar», cada dupla consolidó su propuesta en una ficha de proyecto para llevar a sus establecimientos e implementar sus proyectos incorporando nuevos aprendizajes. El equipo de FMA también participó brindando apoyo y una mirada extra a las ideas de cada dupla.

Voces del aula y del territorio

Aunque situados en una misma región, los proyectos que emergen de esta versión son diversos. En Pucón, Nicolás Lillo y Andrea Vallet, del Colegio Acuarela Montessori, buscan reconectar a la infancia con el fuego desde su significado cultural y espiritual: “Si lo vemos con los ojos del cuidado, tal vez podríamos contener el fuego más como sociedad. Ya no es algo que devasta y quema todo, sino algo que contiene, que calienta, que habita en ti”, reflexionó Vallet.

Por su parte, desde Temuco, Evelin Jeldres, profesora de artes del Liceo Politécnico Pueblo Nuevo, llegó al programa con apenas un mes en el colegio y se fue con una propuesta para transformar el patio de cemento que sus estudiantes evitan tanto en verano como en invierno por las temperaturas extremas. Sobre el programa Docente Activo, señaló que “deberían existir muchas más fundaciones que trabajen con docentes para que nosotros podamos aplicar estas actividades a los estudiantes y salir un poco del aula más formal” señaló.

A partir de mayo, las diez duplas inician la etapa de acompañamiento, en la que el equipo de FMA realizará visitas presenciales y encuentros virtuales para apoyar el desarrollo de sus proyectos en sus establecimientos. En agosto, el programa volverá a reunirlos para compartir lo que ha brotado.

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