Platohedro: Experimentación artística y aprendizaje libre como motores de ambientes colaborativos y seguros

La cultura libre, las pedagogías alternativas, el conocimiento abierto y participativo constituyen parte del ecosistema de Platohedro. Desde el 2004 esta plataforma creativa, con sede en el barrio Buenos Aires de Medellín, Colombia, ofrece un espacio de encuentro y formación para niños/as, jóvenes y madres líderes de hogar, a través de metodologías de aprendizajes basadas en la creación, la comunicación, la experimentación artística y el trabajo colaborativo, con el fin de aportar en la transformación social y el bienestar colectivo de las personas y su relación con el entorno natural.

Desde el 2016, la gestora cultural, investigadora y docente, Luciana Fleischman, lidera el programa Arte y Pensamiento del laboratorio Platohedro, el cual promueve actividades formativas y el intercambio entre artistas locales e internacionales con la comunidad local a través de residencias artísticas. Dialogamos junto a ella sobre la construcción de las colectividades, los beneficios de la exploración libre como parte de los procesos creativos y los principales desafíos en torno a la gestión cultural en un contexto marcado por la violencia, la desigualdad social y conflictos políticos y ambientales.

Fundación Mar Adentro (FMA): ¿Cómo se ha construído la identidad de Platohedro? 

Luciana Fleischman (LF): Se ha ido moldeando por las distintas personas que han habitado el proyecto, y está estrechamente relacionado con el desarrollo de capacidades relacionadas con el “aprender haciendo”. Es una dinámica que está influenciada por la filosofía del ‘hazlo tú mismo’ y ‘hazlo en conjunto’, proviene del mundo hacker, de la comunicación libre y del anarquismo. Platohedro es un lugar permeable a las ideas de los demás, por lo que estas influencias nos llegan de manera natural. De este modo, nos motiva la idea de compartir saberes y contagiar a otras personas con ese deseo, que deja de ser individual y se transforma en colectivo. En ese sentido trabajamos la colectividad desde el fortalecimiento interno de las personas y sus capacidades individuales.

FMA: ¿Cómo se articulan sus ejes de acción y la diversidad de actores que convergen en su proyecto?

LF: Nuestra línea de acción tiene un foco artístico pero también social, ya que involucra trabajo con comunidades, muchas de las cuales se encuentran en situaciones vulnerables. En ambientes restrictivos, ya sea por el conflicto colombiano o por la precariedad económica, la creatividad puede verse muy limitada. En este sentido, nuestro objetivo es estimular a las personas que son parte de este proyecto para que exploren nuevas posibilidades a través de herramientas artísticas y experimentales. Como organización hemos aprendido a confiar en los procesos creativos desde el punto de vista de la exploración libre. Particularmente, esto me ha hecho aprender mucho de cómo funcionan las colectividades.

Por otra parte, nuestra presencia continua en el territorio ha permitido un mayor involucramiento de las comunidades, por ejemplo, nuestra coordinadora pedagógica empezó participando de los talleres cuando era niña y se fue involucrando cada vez más en el proceso.

FMA: De alguna manera, el motor del trabajo colectivo es potenciado por la confianza mutua…

LF: Justamente, se trata de ampliar imaginarios en cuanto a posibilidades de acción, especialmente en términos artísticos y en la construcción de los proyectos de vida de cada participante. En un contexto permeado por la violencia, el desarrollo de habilidades blandas y la capacidad de autoexpresión, son fundamentales para generar sociedades menos violentas. Todos estos elementos se articulan entre sí para fomentar y estimular un ambiente creativo y espacios seguros.

FMA: El cuestionamiento de los modelos educacionales tradicionales también forma parte de sus principios, ¿cómo han buscado construir una metodología de enseñanza participativa?

LF: Creo que mucho tuvo que ver el trauma que las personas han experimentado con las instituciones educativas. Tanto las instituciones públicas como privadas no siempre están equipadas para abordar la diversidad, y el conocimiento estructurado y estandarizado pierde de vista las necesidades particulares. Esto plantea la pregunta de cómo hacer las cosas de manera diferente. En Colombia existe una gran tradición en torno a lo comunitario, las pedagogías alternativas y la pedagogía de la liberación, métodos de aprendizaje esenciales para comunidades con poco acceso a tecnología y recursos. Estos enfoques se han trabajado mucho a nivel popular y están vinculados con la experiencia de desarrollar proyectos y formar colectivos. Así fue como surgieron enfoques como Reggio Emilia y la pedagogía de la liberación de Freire, que luego se integraron en centros educativos y comunitarios.

FMA: Medellín es un territorio con complejidades sociales y políticas, ¿cómo se ha reconfigurado la realidad social en el marco de la globalización? 

LF: Medellín es conocido porque logró transformar una dinámica de violencia que se vivió en los años 90 y 2000 ligada al narcotráfico. Sin embargo, luego entraron gobiernos que apoyaron la transformación social invirtiendo en infraestructura y programas de deporte, arte, cultura y educación. Estas políticas públicas se centraron en las infancias para ofrecer mejores oportunidades y evitar que las personas cayeran en redes delictivas.

Hoy, contamos con educación pública gratuita desde el nivel inicial hasta el secundario, además de numerosos espacios culturales con actividades gratuitas para jóvenes y niño/as. Se ha invertido en proyectos artísticos comunitarios y se han creado políticas públicas y convocatorias para apoyar estas iniciativas. Esta transformación se debe a la voluntad política y al apoyo macroestructural. A nivel local, proyectos como el nuestro han recibido este apoyo que facilita su sostenibilidad. Aunque comenzó como un proyecto autogestionado, ahora funciona con cooperación internacional y fondos de diversas organizaciones.

FMA: En este contexto, ¿de qué manera se ha vinculado Platohedro con esta transformación social?

LF: En Medellín existe un grave problema de explotación sexual de menores que afecta a toda la ciudad, sin embargo nuestro aporte consiste en proporcionar herramientas y conocimientos sobre derechos y fortaleciendo rutas de acción ante la violencia. A pesar de nuestros logros, la realidad estructural nos supera.

En cuanto la situación social, durante el gobierno de Iván Duque, la política cultural se centró en la «economía naranja», beneficiando principalmente a comerciantes y reduciendo el apoyo a proyectos de arte experimental y comunitario. Ahora, con el gobierno de Gustavo Petro, se están revirtiendo estas políticas. Las convocatorias culturales actuales se enfocan en el buen vivir, el trabajo en territorios rurales y la reivindicación de saberes tradicionales. Aunque hemos logrado transformaciones a nivel micro, los problemas macroestructurales son avasalladores. Sin embargo, durante el paro nacional, inspirado por las protestas en Chile en 2019, Platohedro apoyó a los/as jóvenes como un espacio de encuentro y resonamos con el acontecer político social. La pandemia nos llevó a cuestionar qué podía ofrecer una organización cultural en tiempos difíciles, y fortalecimos nuestra red para conversar con personas de otros países, especialmente en el sur global.

FMA: ¿Cómo ha sido la experiencia con las comunidades en términos medioambientales?

LF: El proyecto Manga Libre (2013) es un ejemplo del involucramiento comunitario del territorio. Se trataba de un espacio abandonado frente a la casa Platohedro que fue transformado en un parque comunitario mediante esfuerzos conjuntos con vecinos/as. Fueron años de trabajo colaborativo donde se realizaron limpiezas de escombros, mejoramiento de la tierra y diversas actividades, entre ellas, un mapeo con niños/as para identificar sus  necesidades; la participación de artistas para el diseño de mobiliarios experimentales; y la organización de «mingas» (acciones comunitarias), en la que se plantaron especies nativas y se creó un mini bosque con la asesoría de expertos. Este proceso ha mejorado el terreno y el espacio, que ahora cuenta con 50 especies naturales, además del apoyo de la alcaldía que ayuda a mantener el césped.

Manga Libre, Platohedro.

FMA: ¿Cómo han vinculado su experiencia en relación al escenario socioambiental a nivel país?

LF: El cambio climático se ha vuelto una realidad evidente para la población debido a fenómenos extremos como lluvias intensas, sequías e incendios, además de una crisis hídrica. En vista de esto, hemos colaborado con colectivos como Movimiento en las Laderas, formado por personas de las montañas alrededor de Medellín, quienes sufren las consecuencias más graves del cambio climático.

Hemos comenzado residencias artísticas enfocadas en este tema. El 2023, realizamos residencias tituladas Prácticas artísticas para un planeta en emergencia, otro fin del mundo, donde exploramos el mundo fungi y la moda circular, considerando la fuerte industria textil de Medellín. Y este año, nos enfocamos en el tema del agua, trabajando con propuestas artísticas que sensibilicen y ofrezcan soluciones artísticas y científicas para mejorar el acceso al agua en las comunidades de las montañas.Las asesorías técnicas para estas residencias provienen de las redes de las laderas de Medellín, quienes tienen la experiencia y ya están desarrollando iniciativas alternativas para el acceso al agua. Para nosotros, el trabajo medioambiental está profundamente ligado al territorio, y buscamos generar adaptaciones específicas a cada contexto, entendiendo que no hay soluciones únicas para el cambio climático.

FMA: Estuviste en Chile durante diciembre 2023 y luego a inicios de 2024, en una primera instancia como participante en galafest #2 en La Araucanía, que reunió a diversas iniciativas que contribuyen a la sostenibilidad ambiental a través de prácticas creativas, y luego en una residencia en el Museo Taller ¿Qué aprendizajes o reflexiones te llevas de tu paso por estos lugares? 

LF: Galafest me otorgó la oportunidad de conocer propuestas de distintas partes del mundo que abordan el medioambiente de manera profunda, lo que me proporcionó herramientas útiles para el futuro. Una de las reflexiones más importantes fue sobre la construcción de espacios seguros y cómo gestionamos los conflictos dentro de los proyectos, especialmente en aquellos con un enfoque medioambiental y en interacción con las diferentes personas o grupos presentes en las comunidades. Esta reflexión fue muy interesante porque subraya la relevancia de la construcción de acuerdos y las relaciones interpersonales en la gestión de proyectos. La creación de espacios seguros requiere nuevas herramientas para fomentar una comunicación más constructiva. Sin embargo, un espacio seguro para una persona puede no serlo para otra, lo que convierte esta idea en una utopía difícil de alcanzar. A pesar de ello, la construcción de acuerdos y la creación de infraestructuras cuidadosas en nuestro trabajo y con quienes colaboramos son esenciales.

Intervención Plaza Libertad, Museo Taller.

Posteriormente, me vine a Santiago donde el Museo Taller me invitó a pensar y estructurar dinámicas de intercambio con la comunidad en donde se encuentran en el barrio Yungay. Les propuse mapear a los actores comunitarios para entender quiénes conforman la comunidad y cómo interactuar con ellos. Descubrí que el barrio tiene una rica historia y una impresionante cantidad de equipamientos culturales, además de una red de más de 100 artistas locales. En la residencia organizamos encuentros para vincular el Museo con el espacio público y las redes vecinales. Allí, en colaboración con los vecinos/as, realizamos actividades para niño/as y surgió la idea de plantar y reforestar el área, además de la realización de una minga de plantación de especies nativas. Siento que se dio algo muy hermoso en relación a la confianza y entusiasmo entre la gente.

Sobre la entrevistada:

Luciana Fleischman es gestora cultural, investigadora y docente argentina, residente en Colombia. Desde el año 2016 lidera el programa de Arte y Pensamiento del laboratorio Platohedro en Medellín y desde 2021 integra el equipo de coordinación de la red internacional Arts Collaboratory. Su trabajo combina la gestión cultural colaborativa, los procesos de investigación y experimentación artística y la perspectiva comunitaria. Ha sido jurado en convocatorias de arte y cultura, impartido talleres, laboratorios y asesorado proyectos en diversas organizaciones e instituciones de América Latina.

Referencias:

  1.  El Enfoque Reggio Emilia es una filosofía educativa basada en la imagen de un niño con fuertes potencialidades de desarrollo y sujeto de derechos.
  2.  La pedagogía de la liberación, es un movimiento educativo cuyo principal representante es el pedagogo brasileño Paulo Freire (1921-1997).
  3. Concepto de los pueblos andinos que hablan Quechua sobre una forma de vida que satisface las necesidades humanas mientras preserva un balance justo con la naturaleza y entre los miembros de la sociedad.
Rocío Olmos de Aguilera

Rocío Olmos de Aguilera, coordinadora de comunicaciones de Fundación Mar Adentro,  periodista licenciada en Comunicación Social de la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso, con especialización en arte y cultura.