La conservación marina mirada desde el trabajo colectivo entre comunidades científicas y locales

Chile es una potencia oceanográfica en Latinoamérica, dice la científica británica Susannah Buchan, quien junto a la primera mujer guardaparques de la región de Atacama, Marinella Maldonado, abordan el trabajo conjunto que han realizado en la caleta Chañaral de Aceituno, uno de los sitios más relevantes para el avistamiento de ballenas, epicentro de múltiples exploraciones científicas e iniciativas de puesta en valor de los saberes bioculturales e indígenas de la zona.

Reserva Nacional Pingüino de Humboldt. Fotografía vía Conaf

El legado del pueblo chango y sus prácticas de navegación en balsas hechas con piel de lobo marino; el avistamiento de ballenas; delfines y pingüinos de Humboldt han nutrido la identidad local de la caleta Chañaral de Aceituno en la región de Atacama. En este lugar, ubicado al suroeste de Freirina –localidad visibilizada por los medios en 2012 tras un arduo conflicto socioambiental– se conocieron la oceanógrafa británica Susannah Buchan y la guardaparques Marinella Maldonado, quienes tras coincidir en un seminario sobre biodiversidad marina en 2016 comenzaron a intercambiar conocimientos que las llevarían a publicar relevantes hallazgos y a trabajar por fortalecer el vínculo entre la comunidad y los científicos en la zona.

Mientras Buchan se había especializado en el estudio de la bioacústica de las ballenas, siendo autora de investigaciones que demostraban, entre otros descubrimientos, que las ballenas azules (Balaenoptera musculus)  poseían un dialecto único; Marinella se había convertido en la primera guardaparques de Atacama tras hacerse cargo de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, sector Isla Chañaral-Atacama liderando iniciativas de educación ambiental con las infancias y articulando rutas de turismo sustentable. Hoy, a casi una década de unir sus esfuerzos, reflexionan sobre cómo ha cambiado la percepción y el conocimiento de los habitantes y visitantes sobre el valor de la biodiversidad marina.

Fundación Mar Adentro (FMA): En Chile, existen diversas zonas oceanográficas ¿Qué características posee la caleta Chañaral de Aceituno en términos científicos y socioambientales?

Susannah Buchan: Tenemos cuatro provincias oceanográficas en Chile: Humboldt, Cabo de Hornos, Islas Oceánicas y la Península Antártica. La caleta se sitúa en Humboldt, uno de los lugares más icónicos por lo reconocida que es la corriente del mismo nombre, donde se ven animales como el krill, ballenas y chungungos, así como bosques de algas. Este es un laboratorio natural donde podemos estudiar relevantes procesos y forma parte del Nodo Océano Centro Norte de Laboratorios Naturales de la Agencia Nacional para la Investigación y Desarrollo de Chile (ANID). Al sur de la caleta, además, hay un foco de surgencia frente a Punta Lengua de Vaca en de Tongoy(1)donde los recursos marinos quedan atrapados en este archipiélago, siendo la Isla Chañaral –frente a la caleta– la más grande. Además, hay un cañón submarino profundo y empinado. Estamos ante aguas nutritivas que están más cerca de la costa, lo que hace que este sea un sector especial para el krill, alimento de las ballenas avistadas.

FMA: Antes de continuar con la perspectiva de Marinella, ¿hace cuántos años dirías que hay un foco de interés científico en este lugar que, recordemos, conforma un área marina costera protegida de múltiples usos (2) (AMCP-MU)? 

SB: Primero, es importante señalar que Chile es potencia en Latinoamérica en cuanto a oceanografía. Históricamente, ha prevalecido un punto de vista investigativo desde el ámbito físico y pesquero, mientras que los últimos años esto se ha centrado más en cambio climático y procesos de flujo de carbono. Han venido biólogos marinos a estudiar a los cetáceos también, del  Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) junto a otros científicos para explorar a los delfines. Con el tiempo, hemos ido sumando esfuerzos y se han ampliado los tópicos hacia la genética de animales, distribución y registro de especies, y en mi caso, el estudio de ballenas.

FMA: Cuéntanos por favor, Marinella, ¿cómo has observado el valor de la biodiversidad de la caleta en términos socioambientales, en diálogo con lo que comenta Susannah?

Marinella Maldonado: Comencé en la conservación por mi interés sobre los delfines, cuando hace 30 años conocí a Patricio Ortiz, guía turístico y pescador que llevaba a los científicos a la Isla Chañaral, en los años que era más difícil llegar. Desde entonces comenzó a gestionarse más información a escala socioecológica sobre el territorio. En ese intercambio de rutas entre guías turísticos, pescadores y operadores de embarcaciones y, gracias a la generosidad de los científicos de devolver el conocimiento generado a la gente, se fue dando una relación virtuosa. Los pescadores compartían sus conocimientos, los habitantes de las cercanías fuimos teniendo interés en conocer los fenómenos ecológicos para contribuir con nuestra experiencia, sin ser oceanógrafos o biólogos marinos, pero sabíamos, por ejemplo, por qué varaba una ballena o qué pasaba cuando escaseaba el krill.

Así, además, se fue abriendo el interés desde las economías locales, donde hoy el avistamiento de fauna marina es una de las principales actividades. Empecé a trabajar en conservación el año 2004, cuando Chañaral aún no se declaraba como área marina protegida. Estudié turismo y comencé a intencionar la exploración del territorio con una perspectiva de educación a los niños y niñas, haciendo charlas para conocer el lugar en pos de la valoración y cuidado de la naturaleza. Hoy, varios de esos niños son capitanes, navegantes y guías de turismo local.

Como guardaparque, recuerdo que a inicios de los 2000 no se hablaba de ciencia ciudadana ni se sistematizaba la información. En 2014 aparece ese concepto desde el equipo de Conaf hacia la comunidad y las personas empezaron a entregar información de las especies que veían, aunque sin GPS, pero se iban creando mapas por medio de un trabajo colaborativo. Hoy, estamos trabajando con la tecnología SMART (3) desde enero,lo cual ha  permitido  que   quienes  aceptaron la propuesta de  recolectar datos  de avistamientos  de fauna marina participaran de una capacitación y utilicen la tecnología desde  sus  mismos  teléfonos en beneficio de la conservación. Ha habido un proceso de valoración del lugar, divulgación de información y educación. Todavía la actitud de la gente es de cuidado, hay interés por conocer el significado biológico de la presencia de las especies y de movilizarnos para la protección.

FMA: ¿Qué vínculos han establecido entre investigación científica, saberes comunitarios y conocimientos ancestrales del pueblo costero de los changos?

SB: Uno de los principales vínculos, que hemos buscado reforzar con Marinella, es que hemos trabajado por impulsar la profesionalización del registro de avistamiento de especies en sintonía con la ciencia ciudadana, mediante aportes de parte de la comunidad. Los habitantes del entorno son una fuente valiosa de información porque se mantienen en circulación todos los días. Entonces, se ha hecho común que diversas personas pasen por la oficina de Conaf y reporten sus interacciones. Asimismo, gracias a la colaboración entre científicos y la comunidad surgió un trabajo, del cual somos coautoras, que describe la existencia de un cañón submarino que atrapa el krill, que se complementa con datos ciudadanos sobre el registro de distintas especies de ballenas. Es decir, hemos ocupado esa información en revistas indexadas de importancia académica.

MM: Al mismo tiempo, por parte de Conaf, nos vinculamos con la temática de pueblos originarios a través de reuniones con los descendientes changos, quienes tienen interés de permanecer en la isla [de Chañaral] donde vivían sus ancestros y fomentar la protección del lugar tan significativo  para sus  vidas. Ellos han entregado datos y relatos sobre la memoria biocultural de sus antepasados. Por ello, hay una sala museográfica (4) que cuenta con una réplica de una balsa de cuero de lobo marino –la original está en La Serena–, en ese sentido, se ha fomentado el patrimonio local con charlas, visitas a la isla con una mirada restaurativa de la historia de los changos tras su invisibilización.

SB: Es importante la relación histórica con la isla, pues toda la vida gira en torno a ella. Las balsas eran usadas para cruzar, y actualmente es ahí donde se concentra la actividad turística. La gente siempre está atenta a este lugar, si se ve un barco pesquero desconocido, todos están vigilando y avisando, tanto changos como locales. Hay algo tangible y práctico, además, que tiene que ver con la cooperación de operaciones en el mar para avistar y marcar ballenas. Por ejemplo, vamos con Patricio Ortiz –guía turístico y pescador–y otros operadores a instalar equipos y siempre hay disposición de parte de la comunidad para apoyarnos.

La primera vez que instalamos un hidrófono no teníamos recursos, pero entre todo el pueblo nos consiguieron cemento y cables. Otro ejemplo, es que los mismos seminarios donde se invita a científicos a exponer, se hacen muchas veces en cabañas de gente local o  alguien prepara un cóctel. Hay mucha generosidad, es agradable trabajar así. Además, tenemos la responsabilidad de traspasar lo que aprendemos junto a comunidades que también son parte de nuestros equipos de trabajo. Nosotros hacemos exploraciones de tres semanas, pero acá la gente navega desde la primavera al otoño, ellos ven mucho más.

Reserva Nacional Pingüino de Humboldt. Fotografía vía Conaf

FMA: Han buscado unirse para potenciar el desarrollo del ecoturismo responsable en un lugar caracterizado por el avistamiento de ballenas, la recolección de algas y la pesca ¿Cómo lograr un balance entre el apoyo a las economías locales, la conservación de áreas marinas protegidas y la concientización sobre los beneficios ecosistémicos del océano?  

MM: Antes de ser área protegida, estaba regulada la extracción en la isla (5), siempre se ha generado la necesidad de pensar formas de sustento y es ahí donde se ha fortalecido el turismo de intereses especiales. Al inicio, fueron pocas personas quienes empezaron a invertir en reparar embarcaciones, en mejorar sus motores y buscar oportunidades con apoyos de Fosis o Sercotec. Gracias a esta perspectiva de turismo sustentable esta caleta ha logrado un equilibrio, pese a las complejidades que se dan con la extracción de algas, pues acá hay grandes bosques submarinos, pero aun así son cuotas de extracción distribuidas por medio de sindicatos de la región de Atacama. Asimismo, hay gastronomía, turismo de tierra, presencia de científicos y seminarios que también generan movimiento e ingresos.

SB: Los seminarios han instalado una base de interés en el conocimiento científico en un lugar donde no llega turismo masivo. Esta condición de ser hábitat de fauna marina y no playas de arena blanca atrae a un tipo de personas que busca precisamente eso. La comunidad ha ido instalando además, una base en la colaboración con ONGs, científicos, y se han tomado decisiones concretas, como limitar los cupos de operadores turísticos en la reserva. Al mismo tiempo, existe información de turismo de cetáceos socializada en la caleta, con infografías explicativas. Es importante recordar que los turistas deben hacer una comunicación silenciosa con las ballenas y eso se explica en los tours. Marinella además ha creado rutas geológicas o paleontológicas que han desarrollado interés más allá de las ballenas.

MM: También es relevante señalar que, aunque tenía temor por el posible aumento de residuos producto del turismo, esto se ha controlado gracias a la transmisión de información de las personas sobre el valor del cuidado. Se han hecho muchas limpiezas de playa incluyendo a niños y niñas en la educación medioambiental. Susannah, además, les ha mostrado los hidrófonos para oír a las ballenas generando entusiasmo. Hay una circularidad en la trayectoria del crecimiento de este lugar que pasó de llamarse la isla de los delfines hace 30 años, a ser un lugar especial para la alimentación de grandes cetáceos, o sea, se va transformando.

Reserva Nacional Pingüino de Humboldt. Fotografía vía Conaf

FMA: ¿Qué rol juegan las nuevas tecnologías para la conservación marina y qué potencial transdisciplinario posibilitan en cuanto al cruce de la labor científica con la instalación de rutas ecosustentables y el cuidado de las áreas protegidas administradas por Conaf?

SB: Por el lado científico, tenemos dos instrumentos en el agua: una ecosonda de cuatro canales para medir el krill, y también un hidrófono. Esto permite entender las interacciones de las ballenas. A ellas las marcamos con un dispositivo y las seguimos por 24 horas para saber qué comen, cómo vocalizan, la profundidad a la que se sumergen. También hemos instalado cámaras. Ahora empezaremos a hacer animaciones que vamos a transferir a la comunidad, para relatar qué pasa en el mar con ese animal y cómo es la dinámica del cañón. Entregaremos esa información a la mesa de trabajo de la reserva, al Ministerio del Medioambiente y a la mesa de la Subsecretaría de Pesca (Subpesca).

MM: Hace años, cuando la gente veía ballenas, se alejaba lo más posible debido a su tamaño y hoy en día, buscan verlas. Con tecnologías como SMART –adoptada en Chile en 2022– formamos parte de un plan piloto de observación marina para que los boteros y operadores turísticos del mar registren sus avistamientos. Esto también ha permitido que los estudiantes en práctica sistematicen información para adherir a relatos turísticos, especialmente en explicaciones sobre las ballenas y el pingüino de Humboldt, el cual sufrió un fuerte golpe con la gripe aviar y la gente estaba muy pendiente. La tecnología ha puesto en valor el trabajo que se hace en terreno.

FMA: Aunque han respondido aspectos de la siguiente pregunta…quisiera que mencionen algunas conclusiones sobre cómo se han relacionado las comunidades con los descubrimientos científicos, la conservación y el ecoturismo que han liderado, respectivamente. 

SB: Un ejemplo es que al subirme a algún tour veo en el discurso del operador que ya no están limitados a nombrar las especies, sino que distinguen conceptos como la surgencia, información del cañón, del krill y otras especies que no son sólo las ballenas. A estas alturas, pienso que aquí casi toda la comunidad son oceanógrafos.

MM: También he escuchado cómo ya no se refieren al pingüino como una especie fiel solamente, sino que los operadores están más preocupados de hacer observaciones científicas, siendo más precisos con la información. Existe una mezcla entre biodiversidad, cultura y patrimonio del territorio.

FMA: Pronto se conmemora el Día de los Océanos, jornada que busca relevar el valor de los sociecosistemas marinos para la salud del planeta. Desde sus áreas de trabajo,  ¿cómo describirían el momento actual que se vive en torno a la protección del mar en Chile inserto en un contexto global?

SB: Las noticias no son muy buenas para el planeta en general. El océano siempre va más atrasado que la tierra por el cambio climático y la pesca, particularmente, así como el tráfico marítimo. Estamos comiendo cada vez más especies marinas, recursos que no dan para más, junto a altos índices de trayectos de transporte. Chile ha dado pasos icónicos que sirven de ejemplo, particularmente la creación de  áreas protegidas. En los últimos diez años ha habido declaraciones positivas como la protección del Archipiélago de Humboldt, pero ahora viene el tema del manejo del área. Mi llamado este día es a generar conciencia sobre la necesidad de recursos económicos para un buen manejo, y ya que Chile cumplió la meta de contar con el 30% de superficies marítimas protegidas, ahora toca trabajar por recursos y fiscalización efectiva.

MM: Mi llamado, personalmente, es a que se unan más personas desde el borde costero a la conservación, para que tengamos la voluntad masiva de valorar el lugar que cohabitamos y que se mantenga protegido. Debemos cooperar, limpiar y ejercer compromisos con los territorios, y en particular, que se valore el maritorio, pues Chile está rodeado de un mar que nos entrega vida y sustento.

Sobre las entrevistadas: 

Dra. Susannah Buchan es una oceanógrafa británica radicada en Chile. Realizó sus estudios de pregrado en oceanografía en la National Oceanographic Center de la Universidad de Southampton, Reino Unido; luego obtuvo un Magíster de la Universidad de St. Andrews, Escocia; y finalmente su grado de Doctora en Oceanografía por la Universidad de Concepción (Udec), Chile. Hoy, es profesora visitante de la Udec, investigadora principal del Centro COPAS COASTAL; e investigadora del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA). Su investigación se centra en la ecología y acústica de ballenas con el fin de proveer información científica de excelencia para el desarrollo de estrategias de conservación y manejo de los grandes cetáceos y sus hábitats. Ha publicado unos 20 artículos científicas en esta temática, y actualmente lidera y participa en múltiples proyectos de investigación financiados por organismos nacionales e internacionales. Es miembro del Grupo Técnico de Mamíferos Marinos de la Subsecretaría de Pesca Y Acuicultura de Chile, miembro del Comité Operativo sobre el Ruido Submarino del Ministerio del Medioambiente de Chile, y recientemente asesora científica de la Fundación Patagonia Azul.

Marinella Maldonado es oriunda de Freirina y madre de 4 hijas. Es la primera guardaparques de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, sector Isla de Chañaral-Atacama y operadora turística. Ha creado múltiples rutas locales de ecoturismo orientadas a la valoración de la biodiversidad marina y terrestre. Ha desarrollado iniciativas de educación ambiental con foco intergeneracional y comunitario. El año 2020 fue distinguida por CONAF por su labor de  vinculación comunitaria.  Adicionalmente, trabaja como operadora y guía turística en su emprendimiento Marytierra; con énfasis en conocimientos locales, educación ambiental y co-construcción de conocimientos. Es coautora del artículo científico Comprender la dinámica oceanográfica de la zona de alimentación de las ballenas de Isla Chañaral, (Archipiélago de Humboldt, Norte de Chile) para ampliar la protección del hábitat. Adicionalmente, se desempeña como dirigente de la Asociación de Turismo de la Caleta Chañaral de Aceituno.

Referencias:

  1. Las aguas de surgencia presentan altas concentraciones de nutrientes que producen un aumento en el fitoplancton, alimento del ostión y de recursos marinos y costeros (CEAZA).
  2.  Esta área se denomina Archipiélago de Humboldt y está en categoría de protección desde 2023
  3. La plataforma SMART consiste en un conjunto de programas informáticos y herramientas de análisis diseñados para ayudar a los conservacionistas a gestionar y proteger la fauna y los lugares salvajes.
  4. La “Sala de Exposición Museográfica Roberto Álvarez” en Caleta Chañaral de Aceituno fue inaugurada el año 2021.
  5.  Hoy existen áreas de manejo de locos, lapas y algas.

 

Violeta Bustos Vaccia

Entrevista por Violeta Bustos Vaccia, directora de comunicaciones en Fundación Mar Adentro. Periodista, diplomada en Visualización de Datos y Magíster en Estéticas Americanas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Creadora de contenido, investigadora y docente en el ámbito de comunicación digital.