El valor de la biodiversidad ante la crisis planetaria a la luz de La Araucanía

Huiña ©Jose Gerstle

En Chile, desde la costa a la cordillera de Los Andes, emergen diversos ecosistemas, como playas, dunas, humedales, lagos, lagunas, ríos y bosques, los que conforman el hábitats de múltiples especies de flora y fauna, y aunque no somos un país megadiverso en comparación a otros del continente americano, sí presentamos niveles importantes de endemismo, principalmente asociados a su flora y vegetación, anfibios, peces, macroinvertebrados, entre otros. Existen múltiples dimensiones a la hora de abordar los valores de la biodiversidad a lo largo de nuestro país, siendo la región de La Araucanía uno de los territorios con grandes desafíos debido a la realidad biocultural que la conforma.

Como es sabido, La Araucanía es parte de un hotspot de biodiversidad a nivel mundial, por la alta presencia de flora y fauna endémica y nativa, pero además, esta región se destaca por su valor paisajístico, cultural, histórico y geológico; esto último representado y relevado con el geoparque Kutralkura. Es importante indicar que los ecosistemas mejor conservados o más saludables se encuentran asociados a la precordillera, cordillera de los Andes, donde se concentran las áreas protegidas del estado (10 unidades del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Estado, Snaspe) y varias iniciativas de conservación privada de la región, territorio conocido como Araucanía Andina y Araucanía Lacustre, zona reconocida y muy visitada por todos los atributos antes indicados. Fuera de estos límites, sólo quedan relictos de bosques y lugares protegidos específicos como los monumentos naturales Cerro Ñielol y Contulmo, y el Parque Nacional Nahuelbuta asociado a la cordillera de Nahuelbuta.

Otro valor ecosistémico característico del territorio regional son los humedales. Al respecto, cabe señalar que hace 20 a 25 años, no existía conciencia en la región sobre lo que significaba estos ecosistemas y menos del valor que representan para la sociedad, es más, estos espacios eran considerados terrenos perdidos o sin valor. Sin embargo, en las últimas décadas han existido importantes avances en la línea de la difusión, educación y el conocimiento de estos ecosistemas, ya en el 2009, como parte de la labor de la Secretaría Regional Ministerial (SEREMI) de medioambiente –en esa época Comisión Nacional de Medioambiente, CONAMA–, se publica el primer libro de humedales de la región, esfuerzos que han continuado con la publicación de nuevo libro en el 2020, así como estudios, guías, y la realización del inventarios de humedales, todos gestionados a nivel nacional por el Ministerio del Medio Ambiente.

Entre los tipos de humedales presentes en La Araucanía, están los bosques pantanosos o hualves, los que se concentran en mayor extensión desde la depresión central hacia la costa. Entre los más relevantes se encuentran los humedales de Mahuidanche que abarcan cuatro comunas (Loncoche, Pitrufquen, Freire y Gorbea) y que cuentan con bosques pantanosos o hualves y especies amenazadas como el huillín. Este tipo de humedales o ecosistemas se están perdiendo de manera acelerada y lamentablemente, aún no hemos sido capaces de proteger y relevar su importancia, por su singularidad, y rol como sumidero de carbono, por ejemplo.

Por otro lado, en la costa existen un sistemas o red de humedales, donde destacan los de Monkul en Carahue, Lago Budi en Saavedra, río Queule en Toltén, y sumado a ellos, las dos grandes desembocaduras del río Imperial y río Toltén, todos los cuales forman una red costera de humedales de gran importancia, no solo para la fauna residente, sino también para las aves migratorias, como los pitotoy, zarapitos, rayadores, playeros y chorlos, entre otros.

Todas las formas de vida presentes en un ecosistema tienen un rol fundamental y no están al azar en estos lugares. En definitiva, estamos hablando de ecosistemas que resguardan la vida de múltiples seres y que tienen relevantes valores intrínsecos para toda la humanidad. En este sentido, cuando nos referimos a objetos de conservación o valores naturales y culturales, es importante tener en cuenta que, por ejemplo: cuando decimos salvemos a la ranita darwin, o salvemos al huillín, se trata de especies atractivas y carismáticas a ojos de los seres humanos, y que efectivamente necesitan protección, pero el foco debe estar en la protección, conservación y/o restauración de los ecosistemas que los acogen y así, se resguardan dichas especies y toda la vida presente en ellos.

Humedal de Monku (fotografía vía mma.gob.cl)

Acciones de conservación y amenazas ante la triple crisis planetaria

La triple crisis planetaria, es decir, cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación, suponen la gran dificultad a la que nos enfrentamos. La biodiversidad es extremadamente sensible al cambio climático y la contaminación, pero a la vez, es fundamental proteger la biodiversidad en sus distintos niveles (genes, especies y ecosistemas) para hacer frente al cambio climático. Se puede discutir, dónde partir, o qué es más urgente, pero a escala regional, contar con información e investigación sobre los ecosistemas y especies aparece como un ámbito urgente que cruza estas tres aristas. Es preciso conocer qué está pasando en los ecosistemas terrestres, acuáticos dulces y marinos, pues no tenemos tanta información disponible, de calidad y/o actualizada. Por ejemplo, en nuestra región, no hemos estudiado en detalle los ecosistemas marinos, no sabemos con precisión qué flora y fauna habita nuestras costas, su abundancia, estado de conservación, o amenazas.

Asimismo, sabemos sobre especies puntuales, pero falta desarrollar más contexto en torno al estado de conservación de los ecosistemas y, a partir de esto, priorizar acciones para avanzar en la restauración, gestión y conservación según correspondan. Esta es una de las líneas en que se avanzara con la implementación de la Ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), priorizando aquellos ecosistemas que albergan mayor diversidad biológica y endemismos tanto al interior como fuera de las áreas protegidas.

Otro punto relevante es la educación y sensibilización, pues si bien estamos ante generaciones nuevas más sensibles al cuidado del medioambiente estas también buscan –eventualmente– resultados rápidos, sin embargo, sabemos que los programas de restauración o conservación de ecosistemas o de especies, implican procesos lentos, inversiones importantes de recursos a largo plazo y el involucramiento de los distintos sectores.

Sobre esta perspectiva, hoy no podemos concebir la conservación sin la participación de los distintos actores y sectores de la sociedad, ya que la conservación de la biodiversidad es responsabilidad de todos: academia, sector público y privado, diversos sectores sociales, pueblos indígenas y comunidades locales. Cabe mencionar que estos actores deben posicionarse en igualdad de condiciones en cuanto a la relevancia de su conocimiento, y en ese sentido, deben revalorizarse los saberes tradicionales y locales. Es necesario considerar la participación de quienes habitan en los territorios, y tomar en cuenta sus conocimientos sobre temas diversos, tales como la historia de los lugares y sus cambios, la biodiversidad presente o que se ha perdido, plantas medicinales, y otros saberes.

Si bien las amenazas que supone la crisis planetaria son globales y, de alguna manera, conocidas en el ámbito de quienes trabajan en conservación, es necesario tener en cuenta sus cruces y las consecuencias que conllevan, tales como la pérdida de hábitat, ya sea por fragmentación, urbanización o deforestación, entre otras causas. Por otro lado, no hemos logrado dimensionar el impacto en pérdida de biodiversidad que conlleva el cambio climático con el desplazamiento o la muerte de especies que no son capaces de adaptarse tan rápido a nuevas condiciones ambientales.

Asimismo, es necesario dimensionar el efecto de especies invasoras exóticas presentes en nuestra región, como son: el retamo, picapica, el jabalí, la chaqueta amarilla o el visón, este último, considerado un depredador que se adapta increíblemente a los distintos medios, afectando fuertemente por ejemplo las aves de humedales o de corral. Por otro lado, está la matriz de uso de suelo y el clima más extremo. Hoy los incendios forestales son de mayores dimensiones y muchos más destructivos, afectando en muchas ocasiones a localidades pobladas y a ecosistemas forestales nativos cada vez más escasos.

No se puede dejar de mencionar la falta de sensibilización y educación como una amenaza, entendiendo que si la sociedad no logra tomar conciencia de la importancia de la naturaleza en su día a día, esta comunidad seguirá destruyendo, contaminando e incrementando los efectos del cambio climático, por tanto, es urgente tomar consciencia sobre la necesidad vital de protección de la biodiversidad, incluso el riesgo que representa su pérdida para la vida humana, ya que sólo si logramos restaurar y conservar los ecosistemas naturales, podremos enfrentar de mejor forma los efectos del cambio climático, o “ser más resilientes”.  Y es por ello, que la educación formal y no formal es uno de los pilares para hacer frente a la perdida de la biodiversidad.

Bosque Pehuén, Araucanía Andina.

Desafíos a escala global y local

La Reserva de la Biosfera Araucarias, emplazada en Araucanía Andina y Lacustre, y donde se encuentran 10 unidades de áreas protegidas del estado en la región de La Araucanía, está inserta en una iniciativa que busca contribuir a la conservación de la biodiversidad y al desarrollo sostenible de las economías locales, en relación con los servicios ecosistémicos que los territorios proveen para aportar al bienestar humano. Asimismo, estas reservas apuntan a realzar el valor de la conservación de la diversidad biológica y cultural, y brindar apoyo logístico a través de la investigación, el seguimiento, la educación y la formación, de acuerdo a los objetivos planteados por UNESCO.

Hoy, es necesario vincular los desafíos globales a la luz de una mirada local en permanente retroalimentación. Uno de los aspectos relevantes a nivel país es la actual implementación de la Ley SBAP que, como sabemos, viene a completar la institucionalidad ambiental en Chile. En este desafío, estamos en una etapa de organizar la instalación de un Servicio que trae múltiples instrumentos, representando una oportunidad, ya que una institución se preocupará de resguardar la biodiversidad en sus distintos niveles (ecosistemas, especies y genes). Estamos en una etapa de organización institucional donde La Araucanía se sitúa como un territorio de gran interés en cuanto a sus áreas protegidas, servicios ecosistémicos y saberes ancestrales que se conectan con prácticas bioculturales vinculadas con las economías locales sustentables.

Actualmente, los ejes de acción para la conservación y el uso sustentable de la biodiversidad en la región se centran en ecosistemas de humedales, la aplicación de la ley de humedales urbanos; la creación de material de divulgación científica; y la participación en el desarrollo de los planes RECOGE (Recuperación, Conservación y Gestión) de especies tan relevantes como el zorro de Darwin, el huillín y el delfín chileno. Además, estamos en el desarrollo de proyectos que cruzan información y experiencias con actores locales de distintos territorios como el proyecto de ecosistemas estuarios de Chile y Baja California México, financiado por el Fondo Conjunto Chile México, y por supuesto, no se puede dejar de mencionar el trabajo del Comité Operativo de Biodiversidad que existe desde 2006 en la región, instancia de carácter público-privado y academia, constituido como una mesa de trabajo que ha relevado y difundido el valor de la biodiversidad en todos sus ámbitos.

Estas son sólo algunas de las iniciativas en marcha en la región de La Araucanía. El trabajo por delante es permanente, intensivo y urgente, por lo que es importante insistir en el imperativo de escucha a las diferentes regiones del país, donde las autoridades deben conocer y dimensionar la importancia de la conservación de la biodiversidad para el desarrollo local, regional y del país, pues no es suficiente una campaña o relevar una especie por moda, se debe avanzar en el conocimiento de la biodiversidad, en la restauración, conservación y resguardo de los ecosistemas y especies claves, tanto en ecosistemas terrestres, marinos, como costeros y dulceacuícolas; pero para ello, debe existir el compromiso y convicción de que el financiamiento de estudios de biodiversidad, o el realizar programas de restauración de ecosistemas claves no son recursos perdidos, sino una inversión para el futuro y la sostenibilidad de las regiones y, en particular, de La Araucanía.

Marta Hernández Guzmán

Marta Hernández Guzmán, profesional de la SEREMI del Medio Ambiente Región de La Araucanía. Es Bióloga en Gestión de Recursos Naturales de la Universidad Católica de Temuco. Diplomada en Planificación Territorial Ambiental, con un Postítulo en Gestión Ambiental (Universidad Católica de Temuco), un Magíster en Gerencia Pública (Universidad Mayor) y un Diplomado en Gestión Integrada de Áreas Costeras. Su experiencia laboral ha sido en diversos temas, tales como generación y procesamiento de información geográfica; evaluación de proyectos en el SEIA, residuos, acuerdos de producción limpia, normas secundarias, así como proyectos para fondos nacionales e internacionales. En los últimos años se ha centrado en la gestión y conservación de la biodiversidad en distintas líneas: especies amenazadas, humedales, áreas protegidas, especies exóticas. Así también ha sido editora y coautora de distintos materiales de difusión asociados a la biodiversidad de la región de La Araucanía: Boletines Biota números 1 al 8,  dos Libros de humedales regionales, dos Revistas de educación ambiental, Guía de Aves de Los Ecosistemas Costeros de La Región de La Araucanía, entre otros.