Sistema sospechoso padece: Una obra de Máximo Corvalán-Pincheira

Cristina Bianchi - Socióloga y periodista


Transición a la naturaleza
La obra Padece es el primer fruto de un proceso que duró un año y que continúa en investigación, en el cual el artista Máximo Corvalán-Pincheira investiga en un laboratorio e in situ el daño que actualmente sufre la araucaria (el que se denomina Daño Foliar Araucaria o DFA) –declarada patrimonio nacional y árbol sagrado para la cultura mapuche– cuya supervivencia está profundamente amenazada.

Máximo Corvalán-Pincheira, conocido a nivel nacional e internacional por su trabajo en torno a temas como identidad y migración, comienza a explorar el mundo animal a comienzos de la primera década del nuevo milenio, utilizando ovejas, ratones y ranas de laboratorio de manera simbólica, ironizando el sistema cartesiano donde se sitúan a los animales como pretexto para hablar de lo humano.

Pero es solo en el 2012, después del Proyecto ADN con una impactante muestra en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Santiago, que Corvalán-Pincheira decide trabajar con el mundo vegetal: “Mientras estaba desmontando la exposición, en el estanque de agua de la obra, me encontré con pequeños islotes de moho. En medio de tanta muerte, la vida manifestaba su fuerza en su afán de reproducirse. Fue significativo para mí y me quedé pensando en esto”.

Proceso creativo
Imágenes que llaman la atención del artista y que quedan flotando en su mente sin saber desde un principio qué hacer con ellas, siempre atento en el ejercicio de la sensibilidad para captar visiones que muevan su imaginario visual. Es de esta manera que Corvalán-Pincheira va tejiendo un hilo rojo que une sus obras bajo una coherencia de series temáticas: “Sentía que, de alguna forma, tenía que empezar a abrir mucho más la lectura en torno al tema que estaba trabajando: los desaparecidos. Tenía que ampliar la búsqueda; trabajar con especies en peligro de extinción como la araucaria para expandir el foco. Además, me parecía interesante señalar un paralelo entre lo que le está pasando a la araucaria y la cultura mapuche. Si la araucaria es un emblema nacional, es como pensar en una bandera llena de hoyos, llena de espacios vacíos, pensé. Era muy simbólico en relación a lo que estaba pasando en nuestra sociedad y lo confirmó el estallido que se manifestó abiertamente un año después: un sistema que está fracasando por todos lados; un sistema extractivista donde se venden todos los recursos naturales y que no le importa el patrimonio”.

En el caso de Padece, el ecosistema que el artista arma aborda asuntos como la desaparición y la sobrevivencia. Es así como las obras Proyecto invernadero, El jardín y Padece, se vinculan entre ellas y su relación con el ADN pero desde distintos puntos de vista. El artista empieza a mezclar la idea de vegetación con el cuerpo -a partir de su historia personal- y visibilizando la relación entre los cuerpos de los desaparecidos con la tierra y el paisaje: el océano, el desierto, la llanura son lugares donde esos cuerpos son mandados a desaparecer. El contexto geográfico se convierte entonces en un telón de fondo donde el elemento fundamental, el cuerpo, se desintegra.

Con la intención de ampliar su investigación en torno a la identidad como eje principal de su trabajo a lo largo de los últimos 11 años, Corvalán-Pincheira decide visibilizar el contexto geográfico como escenario y testigo mudo de los acontecimientos de la historia. Empieza entonces a observar el mundo de la vida y lo hace con su aguda delicadeza que lo lleva a buscar los significados escondidos detrás de la perceptibilidad de las cosas para luego convertirlos en imágenes. La vida que continúa, aún amenazada, dentro de un ecosistema fuertemente puesto en crisis por el descuido –cuando no el abuso– humano: este es el metamensaje que el artista nos transmite con Padece. Un mensaje que supera las fronteras de Chile, característica de este artista contemporáneo, capaz de contar historias microscópicas, ampliando la mirada y encontrando la manera siempre original y fina para lograr que el mundo entero se reconozca en ellas.

Investigación
Gracias a Fundación Mar Adentro y Eduardo Castro, microbiólogo quién el 2018 se encontraba estudiando el genoma de la araucaria en los laboratorios de UC Davis Chile Life Sciences Innovation Center en Santiago, Corvalán-Pincheira tuvo la oportunidad de acompañar este proceso de investigación junto con visitas a la Araucanía.
La primera fase de la investigación se realizó en dos laboratorios de la capital, donde se comienza a concluir que la araucaria está siendo afectada por un hongo sospechoso y, por otro lado, por el desequilibrio de un sinfín de hongos que siempre han vivido en simbiosis con el árbol.

Es importante destacar que frente a este aspecto que se comunica como una amenaza importante, existen muchas variedades de seres vivientes que no afectan o hasta terminan siendo parte del árbol. De hecho, el ADN que obtiene el artista de la araucaria contempla los hongos que viven en ella. Esta observación nos abre a una reflexión acerca de las múltiples convivencias posibles y a la multiculturalidad presente en la postmodernidad líquida, haciendo difícil separar lo que es el árbol y lo que son los hongos, retomando el tema de la identidad.

La segunda parte de la investigación se realiza en terreno. Por una parte con algunas comunidades mapuche en Santiago y por otra, en el área de conservación de Fundación Mar Adentro en la Araucanía Andina, Bosque Pehuén, donde Corvalán-Pincheira realiza registro fotográfico y entrevistas a miembros de comunidades pewenche en Curarrehue, entre ellos con Ester Ida Epulef Panguilef, una de las guardianas del pewen.

De este diálogo, el artista amplía su visión del problema que identificaba en el hongo la amenaza para la supervivencia del árbol, en pro de un enfoque mucho más holístico que mueve el eje hacia la relación del ser humano con la naturaleza: “Me interesó mucho la visión de Ester, porque yo venía de una investigación científica que tenía cierta urgencia para establecer cuál era el problema. Y ella me hizo ver que el problema era mucho más global. De forma muy poética y muy bella me comentó como ya nadie le va a hablar a la araucaria, ya nadie le hace cariño, ni le pide permiso para entrar a su espacio y sacar su semilla”.

La obra
La obra Padece se presenta como un conjunto de 14 fotografías, 2 esculturas y recortes de papel aplicados a nueve fotografías. Siete de las nueve, contienen imágenes del “hongo sospechoso” ensambladas con palabras que identifican la amenaza a través de tubos de neón de colores patrios. Otras siete de las fotografías de la obra, que representan algunos de los hongos simbióticos, llevan fragmentos del código genético del árbol: “En algunas de las fotos de la obra decidí incorporar un elemento irónico, escogiendo palabras clave e integrándolas con neón de los colores patrios (rojo, azul o blanco). En muchas de mis obras me gusta incorporar el uso de la electricidad, de la luz a través del neón que es una luz fría, en cuanto aumenta el contraste entre lo artificial y lo natural, entre el color y el blanco y negro. Agregando, en este caso, palabras cargadas de significado quiero resaltar el legado entre la naturaleza y los acontecimientos actuales de los cuales es testigo silencioso y constante”.

Un trabajo que se presentó por primera vez en Galería Artespacio en septiembre 2019, hoy se presenta en la muestra colectiva Naturaleza expandida: visibilizar lo invisible, en el Centro Cultural La Moneda, curada por Carlo Rizzo y Maya Errázuriz, con 3 de estas fotografías con neón incorporados que comunican palabras como “sistema”, “sospechoso”, “padece”; y una paleta de texto led que va pasando el código genético de la araucaria que cuenta con 45 mil millones de caracteres. Una cantidad enorme si la comparamos al genoma humano que cuenta con 3 mil millones de caracteres.

La dualidad entre belleza y su fugacidad, esperanza y rechazo, vida y muerte, es algo que caracteriza el enfoque del artista que se refleja en cada una de sus obras, a través de los materiales escogidos para comunicar su mensaje. Lejos de la pureza, su trabajo se coloca entre las contradicciones humanas y las representa, dando voz a los conflictos que la humanidad está viviendo: “Quise jugar con la idea que este sistema, en el cual nos movemos, está funcionando mal. En base a esta misma idea, quise comunicar que la problemática tenía que ver con algo más grande, no solo con la araucaria. Entonces empecé a trabajar con mapas de la zona. Hice un estudio naturalista, pero en vez de dibujarlo a lápiz, como comúnmente se hace, lo realicé sacándole partes al mapa, dibujando con el vacío. Me concentré en cómo crece y se desarrolla el hongo sospechoso. Lo hice con el dibujo del vacío que deja el calado al trabajar con el bisturí. Esto dio vida al dibujo de un hongo a través de su síntesis con llenos y vacíos”.

Mucho antes de la llegada del coronavirus, Máximo Corvalán-Pincheira empezó a jugar con la idea de una pandemia, de una contaminación global, integrando mapas de Santiago, del Cono Sur, de Norte América, Europa, África y Oceanía a los utilizados inicialmente. De tal manera que todos los continentes quedan invadidos por ese hongo sospechoso, ironizando sobre la idea de que el problema es mayor, es un problema global.

Padece es mucho más que una obra. Es un cofre con múltiples mensajes que nos cuenta de los desaparecidos y de la contrastante relación hombre-naturaleza en una visión que sublima la falta y el sufrimiento por los trágicos acontecimientos de la historia para resaltar la belleza y la constancia de una naturaleza que sigue viva, siendo testigo y sanadora.

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Cristina Bianchi. Socióloga y periodista de origen italiano, con 8 años de experiencia internacional en diferentes contextos de América Latina y con 15 años de trabajo en el ámbito de desarrollo sociocultural. Escribe, es gestora y promotora de iniciativas socioculturales y artísticas propias como también de colectivos y agrupaciones internacionales.

La ilustración para esta columna fue realizada por Valentina Silva.