Semillas tradicionales: un patrimonio vivo al rescate

Thamar Sepúlveda - guardiana de semillas y cofundadora de Biodiversidad Alimentaria

Entrevista a Thamar Sepúlveda, guardiana de semillas y cofundadora de Biodiversidad Alimentaria

Las semillas tradicionales son una riqueza natural muchas veces desconocida u olvidada, las que además de contener la historia de cientos o miles de años, tienen propiedades únicas en términos nutricionales, y una capacidad insuperable de adaptación al cambio climático. Generación tras generación se ha heredado este importante legado, el cual cada día Thamar Sepúlveda se encarga de preservar a través del Semillero Vivo, un espacio donde la Fundación Biodiversidad Alimentaria rescata y cultiva semillas de diferentes variedades. En esta entrevista nos explica su trabajo y nos habla de la importancia de este patrimonio natural.

Fundación Mar Adentro: ¿Por qué las semillas tradicionales albergan una riqueza tan grande?
Thamar Sepúlveda: Porque tienen años de historia, la mayoría está aquí desde hace cientos de años e incluso miles, eso implica que han sobrevivido a diferentes cambios; que han pasado de mano en mano y de lugar en lugar, adaptándose, evolucionando, sobreviviendo y acompañándonos. Toda esa información queda almacenada en su ADN por eso se adaptan tan bien. Una planta que está acostumbrada, ha crecido, se ha adaptado y ha sobrevivido por años por ejemplo a zonas de sequía, y genera una tolerancia a esa condición; su descendencia siempre tendrá esa información. Puede que a una semilla le toque crecer en un lugar donde haya abundancia de agua, pero si en determinado momento hay sequía, esa información ya está en su memoria genética y le ayuda a sobrevivir.
Como nos acompañan desde hace tanto se ha generado una enorme biodiversidad que a lo largo del tiempo –precisamente debido a esta adaptación– a la vez la hemos perdido por desconocimiento.

¿Cómo ha sido esa pérdida de biodiversidad?
A fines de los 1900 habíamos perdido un 75% de la biodiversidad agrícola del planeta. Por ejemplo, en China en 1945 existían 10 mil variedades de trigo, en 1970 solo quedaban 1.000; en España en el año 1970 existían 380 variedades de melón, a fines del siglo 20 solo quedaban 15; en Turquía en el 1945 existían 1.000 variedades de lino, y ya fines de los 60 solo quedaba una, y así, ¡los ejemplos son cientos! Puede que nunca recuperemos lo que perdimos, pero lo que tenemos, lo que aún existe y queda por ahí, hay que conservarlo como un tesoro, difundirlo y compartirlo, para que no se vuelva a perder.

¿Cómo es nuestra alimentación actual?
Hoy en día nuestra alimentación es muy pobre, se basa en muy pocos alimentos, si nos ponemos a pensar casi todo se basa en trigo, arroz, papa, etc., y la diversidad en torno a esos cultivos es muy pobre, imagínate si nos ponemos a pensar que en algún momento hubo 10 mil variedades de trigo. Lo mismo ocurre con todos los cultivos, las papas por ejemplo, son muchísimas, de todos colores y formas. Las diferentes variedades, nos entregan componentes nutricionales distintos, diferentes vitaminas, minerales, metabolitos, etc.,y eso aporta a nuestra dieta variedad, riqueza, calidad, y también aporta a nuestra soberanía. Si siembro en mi terreno muchas variedades de papa por ejemplo y ocurre algún evento climático no perderé todo, porque siempre habrán variedades que resistan ese evento asegurándome alimentación.

¿Cuáles son las principales amenazas hoy en día para las semillas tradicionales y que implicaría que estas vayan desapareciendo?
El desconocimiento, el poco valor que le damos a lo propio, el no sentarnos a conversar con los ancianos que son los que más saben, con nuestros abuelos que son quienes conocieron estas semillas. Las hemos ido reemplazando por variedades de afuera, a veces hay gente que piensa que un poroto verde de otro color, o un maíz de otro color, son transgénicos, porque hoy en día todo es uniforme y nos han acostumbrado tanto a eso que pensamos que es lo único que existe y como no hablamos con los mayores nunca nos enteramos.
Sería terrible que desaparecieran, las variedades tradicionales nos aportan alimentación de calidad, diversos estudios demuestran que son mucho más nutritivas que las variedades comerciales, tienen más vitaminas, más minerales y mejor capacidad de adaptación. Hace tantos años que existen que han pasado y sobrevivido a muchos cambios y condiciones diferentes, son más rústicas, no requieren de productos agroquímicos, solo necesitan guano y agua para crecer, y casi no tienen plagas. Realmente las variedades tradicionales son las que nos van a aportar soluciones para el hambre y el cambio climático.

¿En qué consiste tu trabajo en la Fundación Biodiversidad Alimentaria?
Entre todos hacemos de todo, lo principal es cuidar del Semillero Vivo que es el espacio donde cultivamos las semillas de las diferentes variedades. Le dedicamos mucho tiempo porque en ese espacio a veces tenemos variedades de las que hemos recibido 1 o 3 semillas y es muy importante cuidarlas; ahí se van a multiplicar y de ahí saldrán para ser compartidas a las diferentes comunidades, y también ahí es donde las estudiamos, anotamos sus características especiales, observamos su desarrollo, y las fotografiamos.

¿Qué proyecto estás realizando hoy en día?
Básicamente siempre nos dedicamos a buscar semillas y propagarlas, para después difundirlas y compartirlas, hay mucho por buscar aún. El año pasado hicimos un catálogo donde aparecen aproximadamente 130 variedades tradicionales caracterizadas y con fotografías. Nuestra próxima meta es terminar un libro que estamos haciendo con las diferentes variedades tradicionales que hemos podido recuperar en el sur y que son muchísimas más.

¿Cómo realizan el rescate de semillas?
Primero, buscamos las semillas y hablamos sobre todo con ancianos, que son los que recuerdan diferentes variedades; hablamos con tanta gente que vamos construyendo la historia de a poco. La semilla y el conocimiento sobre ella, la variedad, su uso, formas de cultivo, modos de preparación, y valor espiritual. A veces hay gente que tiene la semilla pero no tiene el conocimiento, y en otros lugares hay personas que tienen el conocimiento o parte de él, pero no tienen la semilla, entonces vamos construyendo las historias, de la mano por supuesto de antecedentes bibliográficos (hay que leer e investigar mucho). En paralelo también se realiza el cultivo en el Semillero Vivo, todo se complementa, ahí vamos cuidando, observando y estudiando las diferentes variedades para finalmente multiplicarlas y compartirlas.

¿Con qué semillas sientes una mayor conexión?
Me encantan las semillas de porotos y maíz. Los porotos son geniales, ¡hay de tantos colores y diseños! Parecen infinitos, nunca terminas de asombrarte con tantos que son y son tan nobles, crecen donde sea, producen mucho y se pueden consumir de tantas formas. Lo mismo el maíz, son de tantos tamaños, colores, diseños. Pienso en lo mágico que es, que de una semilla salga una planta, que en algunos casos te puede dar hasta 5 o más mazorcas (dependiendo de la variedad) es potente, sus usos también son tan variados y cada color nos entrega algo diferente, nutrientes diferentes, ¿cómo no aprovecharlo?

¿De cuándo se remontan las especies de semillas más antiguas que tienen?
De momento la más antigua que tenemos es el tomate tenca (Lycopersicon pimpinellifolium). Es nativo de Chile, también se encuentra en otros países pero le llaman de otras formas, es una especie diferente del tomate común (Lycopersicon esculentum). Su historia se remonta a miles de años atrás, el tomate tenca es el ancestro más antiguo conocido del tomate. Hace miles de años apareció en algún momento de la historia y el ser humano comenzó a hacer uso de él, empezó a consumirlo, sembrarlo y seleccionarlo, y con el pasar de los años fue cambiando hasta llegar al tomate que conocemos hoy y que es prácticamente 100 veces más grande que el tenca que quedó en el olvido. Desde el año 2014, aproximadamente, hemos venido poniendo en valor esta especie que se encontraba en estado “vulnerable” en nuestro país. Existen prejuicios por su tamaño tan chiquito (mide 1 cm de diámetro y pesa 1 gr) pero literalmente es una bomba de sabor a tomate y como es silvestre conserva una gran capacidad de adaptación a diferentes condiciones agroclimáticas. Diversos estudios demuestran su alta capacidad antioxidante y nutracéutica, tiene de 5 a 7 veces más antioxidantes que el tomate común (más detalles sobre su historia aquí).

¿Qué podemos hacer como sociedad para colaborar con el resguardo de este patrimonio?
Cultivarlas, compartirlas, difundirlas, dar a conocer la información sobre ellas, mientras más seamos los que sepamos de ellas y las cultivemos menos riesgo de que desaparezcan. Hay un mito muy arraigado sobre las variedades tradicionales, se piensa siempre que son menos productivas que las actuales, eso es completamente falso, hay variedades tradicionales que no tienen absolutamente nada que envidiar a las variedades híbridas y comerciales en cuanto a rendimiento, y tienen la ventaja de tener mucho mejor sabor y aroma, precisamente porque tienen más compuestos nutricionales. Solo hay que escuchar, abrir la mente, atreverse, no pensar que se necesita de un gran espacio, si vivo en un departamento también puedo tener variedades tradicionales sin problema, es solo cosa de adaptarse. Hay que cuidarlas, pero cuidarlas no solo para mí sino para todos, para los que están y los que vienen, cuidarlas también implica compartir, es la mejor manera de proteger.

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Thamar Sepúlveda. Guardiana de semillas y cofundadora de la Fundación Biodiversidad Alimentaria. Desde siempre sintió curiosidad y amor por las plantas, lo que heredó de su abuelita Elena, quien le enseñó a cuidarlas desde pequeña. Ya en la Universidad de Chile, estudiando para graduarse de Ingeniera Agrónoma, comenzó a aprender sobre semillas, y trabajar con diversas hortalizas y cultivos, producción de frutales, plantas medicinales, flores, hidroponía, apicultura y en numerosos trabajos sociales con colegios y clubes de adulto mayor. Fue parte del equipo profesional responsable del libro de Biodiversidad de la Provincia de Huasco el año 2015, coautora de 8 boletines técnicos sobre distintos cultivos tradicionales el año 2017, recolectora y forjadora del primer Semillero Comunitario junto a las comunidades diaguitas y campesinas ubicado en el sector de Tatara Alto el año 2016. Hoy, “la Tamy”, como cariñosamente le llaman los agricultores, trabaja en el sur de Chile con comunidades mapuche en la recuperación de su semilla tradicional y sus principales labores son como investigadora, asesora, caracterizadora y multiplicadora de semillas y frutales tradicionales, además de ser la coordinadora comunicacional de Biodiversidad Alimentaria.

La ilustración para esta entrevista fue realizada por Valentina Silva.