Reactivación sostenible ahora

Javier Rojas - Gerente General de INFOCAP y experto en  temáticas sociales y ambientales

La crisis económica y social que provocará el coronavirus en el país todavía está lejos de ser dimensionada en profundidad. Para miles de personas, la subsistencia se ha transformado en un fantasma omnipresente, tanto de las organizaciones en que trabajan, como la de sus propios hogares.
Los más afortunados hemos logrado adaptarnos, gracias al teletrabajo. Convengamos que hay una gran cuota de suerte en esa ecuación. Representativamente, somos la menor parte de la sociedad. Para la gran mayoría, la realidad es otra.
Son miles las familias que se encuentran sin empleo, que necesitan salir de sus casas para trabajar y así comprar los insumos básicos que requieren. Llama la atención, por tanto, que exista un llamado a cumplir la cuarentena por igual, para toda la sociedad. La evidencia demuestra lo impracticable que esto es en la realidad, pues estas personas viven en la urgencia, y salen de sus casas, justamente, porque no pueden esperar.

¿Qué entendemos por una reactivación sostenible de la economía?
Es urgente reactivar la economía. Está claro que mipymes y empresas requerirán el apoyo del Estado para volver a generar empleo. No es posible esperar a que “volvamos a la normalidad” para reactivarnos: ya son millones los que necesitan soluciones concretas, hoy. ¿Cuándo llegará esa “normalidad”? Nadie sabe exactamente, y está claro que no volveremos a lo mismo. ¿Qué esperamos entonces?
Esto va mucho más allá de los cambios experimentados por todos nosotros, para bien o para mal, durante la pandemia. Si una de las principales crisis que enfrentaremos tendrá que ver con el desempleo, es clave comprender que el mundo del trabajo, que ya venía cambiando desde hace tiempo, cambió definitivamente con el coronavirus, y lo continuará haciendo cada vez en forma más acelerada. No podemos entonces, porque no tiene ningún sentido, enfrentar el desempleo pensando en el mismo tipo de trabajos, ni en las mismas competencias laborales.
En medio de todo esto, el cambio climático y los desafíos medioambientales siguen avanzando, con efectos cada vez más palpables, lo que implica escenarios inciertos adicionales a futuro, que es necesario atajar a la brevedad. Hace sentido entonces pensar en una reactivación sostenible de la economía: no da lo mismo qué tipo de trabajos impulsemos como sociedad, deben ser trabajos que al mismo tiempo ayuden a mitigar estos efectos. Empleos verdes: fomento a las energías renovables, eficiencia energética, eficiencia hídrica, gestión adecuada de residuos, economía circular, entre otros.
¿Es posible alcanzar un desarrollo sostenible si no incluimos a toda la sociedad en el desafío de lograrlo? ¿Tiene sentido pensar que una parte de la sociedad logrará el desarrollo sostenible para todo el resto? Los desafíos ambientales están elitizados a nivel global, en manos de grandes organizaciones, de los gobiernos, de académicos y de aquella parte de la sociedad con más recursos. “Lo verde” puede incluso llegar a ser considerado como sofisticado, símbolo de estatus. Es un claro caso de miopía, y el desarrollo sostenible, en ese contexto, una utopía. ¿Cómo incluir entonces en este desafío a aquellos que hoy piensan en su subsistencia? Una oportunidad única sería a través del empleo.
La reactivación de la economía debiera apuntar a lograr un desarrollo sostenible. Y para alcanzar este último, todos los aportes cuentan: de toda la sociedad. ¿Es esto posible? ¿Es suficiente considerar empleos que apunten a abordar los desafíos ambientales existentes, para que hablemos de activar una reactivación sostenible, que gatille un desarrollo sostenible?

Las dimensiones subyacentes a una reactivación sostenible de la economía
¿Podemos hablar de reactivación sostenible, si no consideramos la brecha digital? El coronavirus ha dejado en evidencia esta gigantesca brecha en el país, la cual ha existido por décadas, sin que le tomemos el peso que implica como sociedad. Y nos guste o no, lo digital se mezcla cada vez más con diversas dimensiones de nuestra vida (trabajo, comunicación, cultura, educación, recreación, compra de insumos y alimentos, transporte, entre otras). Una cosa es no querer la tecnología en nuestras vidas y decidir vivir alejados de ella. Decidir. Otra muy distinta es querer participar de una sociedad cada vez más digital y no poder hacerlo. Esto, significa exclusión, de una forma de desenvolverse, interactuar y de trabajar.
La digitalización de la economía se aceleró exponencialmente, y como todos dicen “llegó para quedarse”. Si desde hace un buen tiempo las competencias digitales para el trabajo venían siendo cada vez más importantes, hoy se tornarán progresivamente indispensables. Donde no representen una barrera de entrada, siempre serán una ventaja competitiva. Estas competencias laborales constituyen, al mismo tiempo, un elemento clave para la reconversión y/o diversificación laboral de miles de personas que perderán su empleo irremediablemente, en el corto, mediano y largo plazo debido a la automatización.
¿Podemos pensar en una reactivación verdaderamente sostenible de la economía, si no consideramos a los casi 5 millones de chilenas y chilenos mayores de 18 años que, por diversos motivos, aún no han podido finalizar sus estudios de educación media?
De acuerdo a la encuesta CASEN (2017), más de medio millón de jóvenes no estaba ni estudiando ni trabajando el año 2017. ¿Cómo se verá ajustada esa cifra, luego de 3 años, considerando el estallido social de octubre de 2019 y el estado de pandemia en el que nos encontramos actualmente? Una reactivación sostenible de la economía no será tal, si no considera soluciones concretas para ellos.
Debemos adaptarnos a las condiciones, poner a disposición los medios, y generar actividades productivas que sean viables en el estado actual. No podemos esperar “volver a la normalidad” pues debemos convivir con el cambio constante, con un mercado laboral marcado por la digitalización, la automatización y el cambio climático, que seguirá evolucionando en forma continua. Así, estamos llamados a llevar ese pulso y reinventarnos constantemente.
Lo urgente es generar empleo y la invitación es a no ser cortoplacistas. Es necesario considerar mejoras a la educación y el impacto desproporcionado de la crisis en los jóvenes. La igualdad de género y la incorporación de nuestros adultos mayores, cada vez más activos, así como de los migrantes, de forma efectiva en la economía, también son factores esenciales si deseamos de verdad alcanzar una reactivación que sea la base de un desarrollo sostenible en el tiempo.

Pobreza, colaboración real y una reactivación económica para el desarrollo sostenible
Un desarrollo sostenible será posible solo si entendemos primero que todo está profundamente conectado. No es novedad que los impactos ambientales golpean siempre, primero y peor a los más vulnerables. A su vez, nuestros hábitos de consumo (consumismo exacerbado sumado a una cultura de descarte), la exclusión social y la pobreza generan condiciones que fomentan la existencia de un desarrollo con opciones de empleo que agravan y perpetúan estos y otros impactos. No es posible tener éxito en la lucha contra el cambio climático si somos indiferentes a la pobreza.
Mirar al otro como un par, en forma horizontal, es esencial. Debemos dejar de ver a los grupos más vulnerables como observadores pasivos, y en lugar de eso considerarlos como protagonistas de los desafíos que enfrentamos, todos como sociedad. Pasar de una lógica de entrega de beneficios y apoyos a una que ponga los medios y articule las redes para que desarrollen todo su potencial y sean agentes de cambio. Democratizar el rol y responsabilidad en generar cambios, que esto no recaiga solo en una parte de la sociedad. De ninguna forma es sostenible que los agentes de cambio se concentren en un espectro socioeconómico particular.
La colaboración real, profunda y multidimensional es quizás la única vía para lograr un cambio transformacional en la sociedad. Solo así quizás tenga sentido pensar en una reactivación sostenible de la economía, que logre algún día el tan anhelado desarrollo sostenible. Todos los aportes cuentan y son profundamente necesarios.
Si nos animamos a soñar con un futuro distinto para Chile, quizás tenga sentido considerar el modelo económico del dónut, que toma como referencia la forma de este último para conceptualizar un espacio justo y seguro de desarrollo. Kate Raworth, autora de este modelo, no solo posee el mérito de integrar múltiples visiones sobre el desarrollo sostenible de una manera coherente en esta propuesta, si no que ha logrado una metodología para implementar concretamente sus lineamientos en la práctica. Luego de haber sido aplicado en forma teórica en Sudáfrica, China y otros países, Amsterdam se convirtió, con ayuda de Raworth, en la primera ciudad en adecuar el dónut a su realidad y dar luz verde a su desarrollo. Todo esto durante 2020, en pleno contexto COVID19, justamente para lograr una reactivación sostenible eficaz y transformacional, adaptando la ciudad a los efectos post coronavirus.
Como dice Raworth, “son los límites los que desatan nuestro potencial”. Imposible una frase más acertada para el contexto en el que vivimos hoy, que nos interpela al cambio, la adaptación y la resiliencia. Una reactivación sostenible debe sumar a los sectores más vulnerables de la sociedad, pues su no incorporación a la vida social y a la economía nos afecta a todos. Ese potencial trasciende nuestra condición socioeconómica, es innato a la persona. Sobre esto último, el concepto de capacidad del premio Nobel Amartya Sen puede ser iluminador. En su trabajo, Sen se refiere a que la calidad de vida de alguien no depende de la mera existencia de recursos a su disposición, sino de lo que estos recursos (más allá de los materiales) permiten a las personas hacer, y lo más importante, ser.

INFOCAP: adaptación para colaborar a una reactivación sostenible
Hoy, desde INFOCAP – institución con más de 35 años de historia formando y capacitando para el trabajo a mujeres y hombres en vulnerabilidad socioeconómica – estamos impulsando todos nuestros esfuerzos en la línea de la reactivación sostenible.
Sumado a nuestra oferta de capacitación en eficiencia energética y energía renovable, actualmente impulsamos la generación de empleo y fuentes de ingreso a través de dos iniciativas en particular: Workin, una app para conectar a profesionales con trabajos técnicos en domicilios y oficinas, que saldrá próximamente al mercado; y la Fábrica Social para la Emergencia, que a través de la colaboración con pymes de reconocida trayectoria, permite generar ingresos a familias afectadas profundamente por la pandemia, fomentando al mismo tiempo la economía circular y sensibilizando así al público sobre este desafío socioambiental.
Hemos hecho parte de nuestra misión institucional articular las redes necesarias para disponer los medios y herramientas que hagan posible que la brecha digital disminuya en forma sostenida en el tiempo. En 2019 activamos una plataforma online para la finalización de estudios de enseñanza media, y este año iniciamos diversos programas digitales e híbridos (digital + presencial) de formación y capacitación para el trabajo.
Todas las iniciativas que impulsamos son en un contexto de profunda colaboración con otros actores. Estamos convencidos de que esta forma de trabajar es la única vía para hacer frente exitosamente a los desafíos actuales y futuros, y también dar solución a desafíos históricos de nuestra sociedad. Si no somos capaces de dar respuesta a estos últimos, el camino hacia un desarrollo sostenible es poco viable.
Una reactivación de la economía, a partir de hoy, que considere la solución a los desafíos pendientes, y las capacidades de toda la sociedad, en su conjunto, será la mejor base para dar paso a un futuro justo y sostenible para todos. Las iniciativas aquí mencionadas son solo un pequeño ejemplo de las soluciones necesarias. Fortalecer iniciativas similares, y muchas más complementarias, de manera que sea posible escalarlas y replicarlas a nivel nacional, es un trabajo que ninguna organización puede hacer por sí sola. Todo lo contrario: todos los aportes cuentan, y son esenciales para lograrlo.

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Javier Rojas. Gerente General de INFOCAP. Ingeniero Civil Industrial Ambiental de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Master en Gestión de la Administración de la Universidad de Hohai, en Nanjing, China. Su experiencia laboral ha estado principalmente centrada en el desarrollo y gestión de proyectos con impacto social y ambiental, desde el ámbito privado y organizaciones sin fines de lucro, participando en organizaciones como la Corporación Jesús Niño, ACCION (Estados Unidos), EcoUnion y el Laboratorio Base de la Pirámide (España) y desarrollando proyectos para clientes como Google, la GIZ y el National Renewable Energy Laboratory, entre otros, desde la empresa de consultoría en cambio climático ImplementaSur.

La ilustración de esta columna fue realizada por Constanza Salazar.