Metabolismo urbano circular: las ciudades como organismos vivos

Claudia Pabón- Experta en ciencias ambientales y en economía circular

Una discusión en día en relación a la crisis climática tiene estricta relación con la necesidad de repensar nuestras ciudades. Qué hacer con los residuos, cómo generar políticas de economía circular y qué cosas realizar en tu propio hogar para contribuir a este cambio cultural, fueron los principales temas que conversamos con Claudia Pabón, experta en Ciencias Ambientales y en Ecología de Producción y Conservación de Recursos, con amplia experiencia en investigación sobre energía, agua y economía circular.

Fundación Mar Adentro: ¿Qué es el metabolismo urbano circular; cuándo surge este concepto y cómo se lleva a la práctica?
Claudia Pabón: El metabolismo circular urbano es un concepto que hace referencia al funcionamiento de las ciudades como organismos vivos que consumen, metabolizan y excretan, respiran, distribuyen y se protegen. Este símil fue propuesto inicialmente por Abel Wolman en 1965, cuando publica un artículo científico en Scientific American denominado El metabolismo de las ciudades, donde propone la medición de los inputs, outputs y stocks de estas, con el fin de optimizar dichos flujos y minimizar los impactos negativos de las ciudades. El concepto se ha aplicado desde entonces para el análisis de los flujos de entrada y salida de las ciudades, las primeras analizadas fueron Hong Kong en 1970 y Bruselas en 1975. El objetivo era medir entradas, salidas y acumulación de materiales y energía en las ciudades para priorizar intervenciones que permitieran lograr ciclos más circulares, tal como funciona en la naturaleza, donde nada es residuo porque es útil para otro organismo. Esto es muy necesario porque hoy en día es en las ciudades donde se produce el mayor consumo de recursos del planeta, aproximadamente el 70%, y también 2/3 de la energía.

¿De qué manera la economía circular ayuda a la reducción de emisiones de CO2?
De diversas maneras, por ejemplo, en el sector de construcción se produce la mayor cantidad de emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) y esto se relaciona no solo con la producción de materiales como el cemento, sino también en su mayoría por el uso de energía durante la vida útil de las edificaciones. Es importante que se optimice el uso de los edificios, que en gran medida permanecen la mayor parte del tiempo desocupados, o por ejemplo, aislando mejor los hogares, sus techos, paredes y ventanas para disminuir el consumo energético, así, podemos minimizar el impacto del sector haciendo un uso más eficiente de los recursos. Esto, versus políticas que buscan producir más energía sin abordar el tema de la eficiencia. Otro ejemplo sería el reemplazo del plástico por polímeros biodegradables, en este caso se ahorran las emisiones relacionadas con explotar, refinar y disponer los combustibles fósiles necesarios para su fabricación.
Finalmente – y es el tema en que más he estado involucrada- es el de los residuos orgánicos urbanos, que constituyen el 57% de los residuos domésticos en el caso de Chile. Estos generan emisiones de GEI en su transporte y disposición final en rellenos sanitarios, mientras que su valorización in situ permitiría evitar ambas, y reemplazar el uso de fertilizantes por abonos orgánicos producidos con los residuos.

Actualmente, se sabe que la mayor parte de los recursos de la Tierra se destinan a suministrar a las ciudades, lo que pone en evidencia la urgente necesidad de proponer un nuevo diseño que cambie el modelo lineal actual, donde se extraen recursos, se usan y desechan. ¿Cómo crees tú que se puede realizar este cambio cultural y quién debiera comenzar a impulsarlo?
El cambio cultural está ya ocurriendo, existe conciencia y están surgiendo opciones de empresas que ofrecen los nuevos servicios que demanda la circularidad, como por ejemplo: el rellenado de envases de productos de aseo y granos en el hogar, las composteras, lombricompostas y biodigestores para hacerse cargo de los residuos domésticos y elementos que estimulan el ahorro de agua en jardines y en el hogar, entre otras cosas. Para seguir impulsando este cambio se requiere apoyar estos emprendimientos, dejando obsoletos los viejos sistemas, haciéndolos más caros y menos frecuentes, por ejemplo, a través de impuestos a los rellenos sanitarios y a los servicios de recolección doméstica de residuos.

Podrías contarnos de experiencias internacionales exitosas relacionadas al metabolismo urbano circular.
Varias ciudades han emprendido este camino, en Europa hay casos documentados particularmente en Holanda e Inglaterra, y también existen iniciativas importantes en China, Japón, y algunas aquí en Latinoamérica, especialmente en Colombia y en Chile. Por ejemplo, en Amsterdam se creó un sistema para la innovación en circularidad que apoya el prototipado rápido de soluciones que son ideadas y ejecutadas en colaboración muy cercana entre Universidades, gobiernos y comunidades, donde se hace además uso de las tecnologías de la información e internet de las cosas.
En China se han apoyado innovaciones basadas en infraestructura con el fin de mejorar su funcionalidad para la circularidad, con aplicaciones en las redes de agua y energía, los sistemas agrícolas, el sector de construcción y la movilidad.
En Chile, el tema está teniendo un gran impulso con la creación de políticas para la eliminación de los plásticos de un solo uso y la estrategia nacional para residuos orgánicos, impulsadas desde el Ministerio de Medio Ambiente que logran ser llevadas a la práctica por el ecosistema emprendedor que ya existe y que se ha venido fomentado durante varios años desde distintas entidades como la CORFO.

¿Cómo se pueden desarrollar iniciativas similares en contextos socioeconómicos vulnerables?
Los contextos socioeconómicos vulnerables presentan retos pero también muchas oportunidades. Por ejemplo, los lugares con escasa infraestructura construida son oportunidades para innovar con sistemas de saneamiento descentralizado donde el agua en lugar de ir a una planta de tratamiento, puede ser tratada y reusada in situ, al igual que los nutrientes que se producen para la agricultura urbana. En el caso de los residuos sólidos, el sistema actual de recolección y disposición final en rellenos implica costos de 38.000 pesos por tonelada en Chile, los cuales en su mayoría no pagan los ciudadanos, pero generan grandes costos a las municipalidades más vulnerables, en estos casos las opciones de manejo de la fracción orgánica y las iniciativas orientadas a reducir el consumo de empaques, necesariamente conlleva ahorros muy significativos. Publicamos hace poco un artículo científico al respecto con cálculos para el caso de la comuna de Peñalolén en Santiago.

Dentro de la Hoja de Ruta de Economía Circular en Chile está que para el 2040, como máximo el 10% de residuos domiciliarios serán enviados a un relleno sanitario (hoy es aproximadamente el 96%). ¿Lo ves posible? ¿Qué esfuerzos concretos se han hecho al respecto?
Sí, lo veo muy posible, porque existe la conjunción de voluntad política, emprendimientos privados y la mentalidad ciudadana preparada. En particular los pasos que se han dado desde el Ministerio de Medio Ambiente, y que se deben operacionalizar en incentivos concretos, es lo que podría facilitar la transición acelerada que necesitamos, como lo mencioné anteriormente. Hay esfuerzos en muchos lugares de los cuales se pueden sacar lecciones valiosas: en la Región Metropolitana, encontramos la municipalidad de la Pintana, Independencia, Providencia e Independencia como pioneras.

¿Qué iniciativas has implementado en tu casa para seguir la lógica de la naturaleza, donde no existen residuos?
Desde hace casi una década hacemos la separación de los residuos orgánicos para producción de humus de lombriz, compost y biogás. También tenemos un sistema de manejo de las aguas grises de la cocina y lavadora por un humedal que permite el reuso del agua en riego, un techo verde, y una huerta de 15 m2 que nos ayuda a cerrar el ciclo. También, a medida que surgen más iniciativas de despacho a domicilio de alimentos y productos del hogar, nos hemos ido cambiando a esta modalidad para minimizar los envases y los transportes.

¿Qué ha significado para ti ir construyendo esta forma de habitar en consonancia con los ciclos de la naturaleza en una ciudad como Santiago?
Es ante todo una manera de ser coherente con lo que creo, enseño e investigo. No me imagino vivir de otra manera, hacerlo en una ciudad es aún más gratificante pues es una forma de demostrar a quienes nos visitan, que se puede, que no es difícil y que no estamos solos y nos podemos acompañar en este cambio.

Participaste de la creación del EcoParque Peñalolén-UAI, y en su dirección académica por muchos años: ¿cuéntanos de la experiencia?
Crear el EcoParque fue una experiencia muy enriquecedora donde logramos alinear voluntades del sector público, privado y académico para hacer disponible un lugar donde las personas pudieran aprender de los ciclos de la naturaleza. Desde el año 2015, el EcoParque ha recibido a más de 10 mil visitantes, impartido cerca de 80 talleres de valorización de residuos, y ha agregado valor a cerca de 140 toneladas de residuos orgánicos de ferias libres por año, en forma de compost y humus de lombriz. Desde la investigación dirigí más de 20 tesis de grado y pasantías en conjunto con Universidades en Holanda, Alemania y Colombia relacionadas con el cierre de ciclos de materiales, agua y energía.

Actualmente, entre otras ocupaciones te desempeñas como directora de la empresa Traesure: ¿cuál es el foco de esta iniciativa?
Nos dedicamos a promover el uso sostenible de recursos, biomasa, agua, nutrientes y energía, a través de la innovación tecnológica. En el centro de nuestro quehacer se encuentra la promoción del cambio de mentalidad y el diseño de estrategias de medición y puesta en marcha de la economía circular en todo tipo de organizaciones. Trabajamos con empresas, colegios y municipios en estos temas desde hace 7 años, siempre con el ánimo de llevar a la práctica la visión de la economía circular.

__

Claudia Pabón. Ingeniera y doctora en Environmental Sciences y Production Ecology and Resource Conservation de la Universidad de Wageningen (Holanda). Es fundadora y directora de la empresa Traesure que se dedica a promover el uso sostenible de recursos, además, fue gestora y directora académica del EcoParque Peñalolén UAI (Universidad Adolfo Ibañez) y docente en esta misma casa de estudios. Tiene amplia experiencia en investigación ambiental vinculada a la energía, el agua, la economía circular y la revalorización de los residuos.

La ilustración de esta entrevista fue realizada por Constanza Salazar.