La conservación como movimiento ciudadano

Bruno Monteferri, experto en derecho ambiental y director de Conservamos por Naturaleza

Entrevista a Bruno Monteferri, director de Conservamos por Naturaleza.

Conectar a personas que viven en ciudades con proyectos de conservación, trabajar con comunidades locales, impulsar las áreas bajo protección privada, crear una red de voluntarios y campañas ambientales masivas que han logrado incidir en leyes en Perú, son parte del exitoso modelo desarrollado por Conservamos por Naturaleza, una plataforma creada por la SPDA (Sociedad Peruana de Derecho Ambiental). Su director, Bruno Monteferri, nos cuenta sobre estas iniciativas y reflexiona, entre otras cosas, sobre cómo nuestra relación con la naturaleza es un tema ético, moral, y espiritual, que debe cambiar a gran escala, migrando del antropocentrismo al eco-centrismo: un cambio cultural clave en nuestros tiempos.

Fundación Mar Adentro: Conservamos por Naturaleza es una plataforma creada por la SPDA (Sociedad Peruana de Derecho Ambiental) que brinda apoyo a iniciativas de conservación voluntarias, promoviendo alianzas y acciones para contribuir al cuidado de la naturaleza: ¿Cómo nace esta organización y cuál era tu principal inspiración como uno de los fundadores?

Bruno Monteferri: Perú es uno de los pocos países megadiversos del mundo. Los peruanos nos enorgullecemos de esa diversidad y de nuestras riquezas naturales y culturales, pero no somos muchos(as) quienes nos dedicamos de manera activa a la conservación.
La conservación por décadas fue vista como una tarea exclusiva del gobierno o de especialistas, aunque cientos de personas y comunidades vienen dedicando sus vidas a conservar la naturaleza en la costa, sierra y selva, desde hace años. Pero, todavía son muy pocos. Si cada persona en Perú se compromete a custodiar 3 hectáreas, todo el país estaría manejado bajo un enfoque de conservación.
En la SPDA el 2004 lanzamos una Iniciativa para la Conservación Privada y Comunal que apoyaba a personas, familias y comunidades a cuidar la naturaleza. Por años viajé por el Perú aprendiendo de gente que había hecho de la conservación su proyecto de vida. Ellos y ellas definitivamente fueron y siguen siendo la principal fuente de motivación para crear Conservamos.org.
La idea de fondo era crear una comunidad de personas que no querían quedarse de brazos cruzados y una plataforma de apoyo para no sentirnos solos frente a los retos de la conservación. Así, Conservamos nace con el fin de democratizar la participación ciudadana en acciones de conservación, inspirando a que más personas se sumen, facilitando su involucramiento. La conservación no puede seguir siendo un movimiento de nicho, si de ella depende la vida misma.

¿Qué modelo utilizan para involucrar a más personas que viven en contextos urbanos y que no están vinculadas a temas de conservación de naturaleza, a realizar acciones concretas por el cuidado de los ecosistemas?
Lo que hemos aprendido es que hay muchas personas que quieren ayudar a cuidar la naturaleza, pero no saben por dónde empezar. Nuestro modelo se basa en crear vínculos y conectar personas con causas de conservación. Visibilizamos las historias de personas que inspiran con el ejemplo, y los conectamos con personas y empresas dispuestas a colaborar con sus iniciativas. En paralelo, organizamos campañas sobre diferentes temas que consideramos estratégicos (contaminación plástica, contaminación lumínica, protección de ríos, reforestación con especies nativas, etc) y creamos esquemas para que las personas se involucren en diferentes niveles. Es clave tener un llamado a la acción que sea claro, con metas definidas y que sean posibles de cumplir. El reto está en armar una buena estrategia, definir qué tipo de apoyo se necesita y comunicar bien esas necesidades para que más personas se unan al nivel que puedan. Hay quienes quieren liderar una iniciativa, otros que quieren ser parte de un equipo de coordinación, hay quienes quieren ser voluntarios por un día, voceros o embajadores de la causa, etc. Todo suma.
Lo importante es mostrar que cualquier persona puede involucrarse en la conservación. Todos tienen un talento que pueden aportar a una causa que lo necesita y que nos beneficia a todos y todas. Sin embargo, gestionar esas expectativas y talento implica bastante trabajo, por eso es clave tener estrategias claras desde el inicio.
Finalmente, es muy importante crear espacios para que haya una interacción social positiva entre las personas que forman parte de la comunidad y darles el reconocimiento que merecen. De los mejores regalos que me han dado estos 8 años de Conservamos por Naturaleza, son las amistades que he ido creando en el proceso. No hay que olvidarnos que la gente también busca pasarlo bien.

¿Podrías contarnos sobre las principales iniciativas de Conservamos, como por ejemplo las distintas campañas de “Hazla” o el acompañamiento que hacen en las áreas protegidas de las amazonas?
“Hazla” parte del concepto de inspirar con el ejemplo y dejar una huella positiva; que los lugares por donde pasamos queden mejor que como los encontramos. Por ejemplo, Hazla por tu Playa es una campaña nacional de limpieza de playas a través de la cual se concientiza e impulsan leyes para reducir el plástico de un solo uso. Se han organizado ocho ediciones y cada año más de 4 mil voluntarios responden al llamado. La data generada sobre los objetos más encontrados fue usada para sustentar una ley que regula el plástico de un solo uso, y en los últimos años hemos identificado de qué empresas son los objetos más recolectados en las playas. Hacemos un ranking y lo comunicamos para que dichas empresas y los consumidores asuman compromisos más ambiciosos para reducir su huella plástica.
Hazla por tu Ola, tiene el reto de proteger 100 olas en el Perú al 2035 en el marco de la Ley de Rompientes. Ya hemos protegido 33 olas y esperamos que pronto esta iniciativa sea replicada en Chile. Toda la historia detrás de esta iniciativa se puede conocer en el documental A la Mar, disponible en www.alamar.pe .
Por otra parte, Remando Juntos por el Marañón, busca prevenir que el cañón del Marañón, el gran cañón de los Andes y uno de los sitios con más alto endemismo de Perú, sea represado para generar electricidad que hoy día el país no necesita, pues tiene una sobreoferta. Justo estamos trabajando en un documental y una estrategia legal que plantea cuál es la situación actual de estos proyectos y las opciones que tiene el Gobierno para evitar que el río Marañón sea represado, uno de los seis grandes ríos que ha conectado los Andes con la Amazonía por millones de años.

¿Cómo se ha empezado a implementar la ley que regula el plástico de un solo uso en Perú? ¿Cuáles han sido los principales desafíos para llevar a cabo su cumplimiento?
La norma planteó una implementación por fases, de manera progresiva y dirigida a reducir el uso de bolsas plásticas de un solo uso, cañitas (bombillas) y envases de tecnopor (plumavit). Primero se prohibió su venta, uso y comercialización en áreas naturales protegidas. Luego, se prohíbe incluso su fabricación y comercialización salvo ciertas excepciones relacionadas a temas de inocuidad. Lo que más ha avanzado es su cumplimiento en los supermercados. Sin embargo, el principal reto es en zonas rurales del país donde la capacidad de los municipios de hacer cumplir la ley son limitadas. Asimismo, el mayor problema es que la Ley y el Reglamento definieron que las características técnicas de lo que califica como biodegradable, compostable y reciclable sería definido por Normas Técnicas que aún no se aprueban. Así, hoy se venden bolsas como si fueran biodegradables y esto no se puede validar ni fiscalizar de manera adecuada.

Recientemente Conservamos por Naturaleza lanzó una publicación sobre las Áreas de Conservación Privada en Perú. ¿Podrías contarnos sobre el impacto de estas áreas en la conservación del patrimonio natural de tu país y si cuentan con ayuda del Estado o con incentivos concretos para que privados o empresas se comprometan con la conservación?
Perú ya tiene 122 áreas de conservación privadas que protegen más de 350 mil hectáreas. Pero además tenemos concesiones para conservación y ecoturismo, que suman un millón de hectáreas manejadas por ciudadanos con fines de conservación. Estos sitios son claves para generar conectividad y complementar las estrategias de conservación estatales. Asimismo, hay diversas zonas del país que ya están en manos de privados y sería muy complejo que estos acepten que se cree un área protegida estatal, por eso su rol es clave para conservar la biodiversidad a nivel local en dichos espacios. Finalmente, promueven liderazgos de conservación a nivel local que son cruciales para generar cambios de política. Las personas detrás de las áreas de conservación suelen participar en espacios de discusión a nivel regional, defienden sus territorios de proyectos que ponen en riesgo la naturaleza y sus proyectos de vida, lo que es clave para influenciar opiniones públicas a nivel local.

Para cerrar, ¿en términos globales qué crees que se necesita para transitar de una mera información o concientización ambiental, hacia prácticas concretas que resguarden la naturaleza?
El reto es en varios niveles. Hay un tema ético, moral, y espiritual, que tiene que ver con cómo nos relacionamos con la naturaleza, y que es lo que debe cambiar a gran escala. Hay que ver esta relación como si fuese un matrimonio o una amistad que esperamos sea duradera. Hoy la narrativa principal se enfoca en ver a la naturaleza como “recursos naturales” que están ahí para “aprovecharlos”. Imagínate que le digas eso a tu pareja. Hay que cambiar el lenguaje, las leyes y los compromisos para tener una relación basada en la reciprocidad, y migrar del antropocentrismo al ecocentrismo. Si eso cambia, las demás decisiones serán más fáciles. Es un cambio cultural clave en nuestros tiempos.
En la práctica implica un cambio sistémico, ya que toda decisión de consumo y producción tiene un impacto que puede ser positivo o negativo en la naturaleza. A veces es un impacto local y otras es sumamente distante y difícil de visibilizar. Por décadas la trazabilidad y ese impacto ha sido escondido por diversas empresas; y los costos negativos y, las externalidades que generan, no han sido incluidos en los costos reales de los productos. La meta es que el producto o servicio que genera mayores beneficios a la naturaleza y a nuestra calidad de vida, sea el que -gracias a los incentivos y desincentivos de mercado- sea el más asequible, la opción por “default”. Por ejemplo, debería ser que los alimentos sean orgánicos y los que no lo son que estén obligados a ser etiquetados, no al revés. Que las ciudades estén pensadas para humanos y no para automóviles. Hay sistemas e infraestructuras ya creadas e instaladas que necesitan ser reemplazadas. Según Jeremy Rifkin, autor de La Tercera Revolución Industrial, ese tipo de cambios se pueden lograr en 20 años si hay visión y decisión política.

___

Bruno es papá de Flora, amante de todo lo dulce, en especial de los helados y alfajores. Su pasión es el mar, las olas de consecuencias y sembrar cuántos árboles pueda en un día. Desde el 2005 trabaja en la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, desde donde hoy dirige las iniciativas Conservamos por Naturaleza y Gobernanza Marina. Algunas de las campañas que ha creado son Reforestamos por Naturaleza (reforesta.pe), Hazla por tu Playa (hazla.pe) y Hazla por tu Ola (hazlaportuola.pe). Es Ashoka Fellow, Marañon Waterkeeper y dirigió el documental A la Mar (alamar.pe). Bruno es especialista en derecho ambiental y tiene una Maestría en Liderazgo para la Conservación por la Universidad de Cambridge. Ha pasado los últimos quince años de su vida viajando por el Perú aprendiendo de gente lúcida como hacer de la conservación un proyecto de vida.

La ilustración para esta entrevista fue realizada por Valentina Silva.