El internet de las cosas: implicancias ambientales y sociales de la inteligencia artificial

Delfina Fantini- investigadora transdisciplinar en inteligencia artificial, diseño, sociedad y medio ambiente

Cómo rescatamos lo humano, cuya particularidad, imprevisibilidad y complejidad nos diferencia de algoritmos. La tecnología pareciera que avanza más rápido que nunca y es urgente reflexionar profundamente sobre sus impactos. Una discusión que debe instalarse en todas las esferas, para abordar la ética de la inteligencia artificial y repensar el futuro que queremos vivir. Sobre estos temas conversamos con Delfina Fantini, bióloga, investigadora transdisciplinar, doctora en Ingeniería de Diseño de Innovación del Royal College of Art de Londres y docente de esa misma universidad.

Fundación Mar Adentro: Estudiaste biología en tu pregrado y luego te has desarrollado en diversas áreas como el arte, diseño y la ingeniería: ¿en qué momento y cómo se gatilla tu interés por abordar tus investigaciones de una manera transdisciplinar?

Delfina Fantini: Desde muy chica me interesé por el arte, la arquitectura y el diseño, y a la vez siempre sentí mucha curiosidad por la naturaleza. En el colegio tuve un muy buen profesor de biología y así me fui entusiasmando con más seriedad por esa área, especialmente con la idea de poder explorar y reflexionar sobre cómo desde las células (neuronas) emergen los pensamientos. Esto determinó mi fascinación por la biología como carrera. Por otra parte, también pensé que era más fácil partir con la ciencia y después introducir las otras disciplinas. Es así como decidí estudiar biología en la Universidad Católica. Mientras estudiaba la carrera nunca dejé de formarme en las otras áreas, además mis grandes amistades y parejas venían del mundo del arte, diseño y arquitectura, por lo que siempre me mantuve conectada activamente con aquellas disciplinas. Otro hecho determinante fue que decidí escribir mi tesis de biología en Nueva York donde conocí a un artista muy interesante que me hizo reflexionar sobre la urgencia de darle espacio a dichas áreas en mi desarrollo profesional. Fue él quien me sugirió un magíster transdisciplinar en Estocolmo, en la Universidad de Konstfack. Postulé al magíster y me aceptaron, partí al año siguiente. Finalmente hice mi doctorado en el Royal College of Art la complejidad de la biología fue fundamental para enfrentar un doctorado basado en la práctica del diseño; un análisis crítico a la tecnología “inteligente” lo cual resultó en la tesis “The IdIoT”.

¿Qué proyecto estás realizando actualmente?
Hoy en día estoy muy dedicada a la educación universitaria. Trabajo como profesora en el Royal College of Art, donde tengo 70 alumnos a cargo. Por otra parte está mi investigación, y además estoy escribiendo un par de capítulos para unas publicaciones que consideran un análisis crítico sobre la equidad en ciudades “inteligentes” y sobre los potenciales problemas urbanos con la adopción pasiva del 5G. En paralelo, estoy concursando a fondos de la Unión Europea para un proyecto sobre el impacto ecológico del internet.

¿Tienes algunos datos sobre en qué se traduce ese impacto?
Internet depende de grandes infraestructuras físicas y materialidades que producen una significativa huella de carbono. Las tecnologías digitales son responsables del 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero, esto supera la contaminación generada por aviones. Por otra parte, la gran mayoría de los servidores de datos usan electricidad que no proviene de fuentes de energías renovables. En el caso del internet de las cosas hay que sumar el constante uso energético y de servidores que requiere la conexión con la nube además de la manufactura, traslado y e-waste de los objetos “inteligentes”.

El confinamiento de alguna manera u otra ha demostrado que necesitamos mucho menos para vivir, no obstante, gran parte de los objetos inteligentes pareciera que promueven un sistema de consumo que no se cuestiona, sino más bien se exacerba. ¿Qué crees tú que ayudaría a un cambio de paradigma?
Tal como dices el COVID-19 nos hizo cuestionar el consumo exacerbado e innecesario, característico del sistema neoliberal. En cuanto a los objetos “inteligentes” es importante entender que en gran parte provienen del tecno-solucionismo (soluciones reduccionistas basadas en tecnología a problemas complejos o no-problemas) de la cultura de Silicon Valley, y que en consecuencia, dado el marketing y la convicción ciega por el concepto de “inteligencia” digital, la industria florece.
Para un cambio de paradigma es fundamental que la sociedad se cuestione críticamente los potenciales problemas de la integración pasiva de estos objetos en la vida diaria, dimensionando las repercusiones en un futuro basado en una “inteligencia” programada e integrada en el ambiente: ¿Quién los crea? ¿Con qué valores? ¿En la práctica, son realmente necesarios? ¿Cómo están facilitando y complicando nuestras vidas? ¿Cuáles son los problemas éticos y ambientales en cuanto a la sustentabilidad de producción, obsolescencia y dificultad en la reparación? Esto debe ir acompañado de discusiones públicas que desemboquen en políticas de regulación.

¿Existe hoy una relación efectiva entre el internet de las cosas y la economía circular?
El internet de las cosas no es per se una tecnología sustentable, hay una gran huella de carbono en el uso de internet, así como también en la producción de sensores y la tecnología que involucra. Sin embargo, en casos específicos, la aplicación de sensores ambientales y efectores de control pueden ayudar a administrar recursos de una manera más eficiente, que integrado a un plan estratégico de cadenas circulares, pueden contribuir al desarrollo de una economía circular.

¿Desde una mirada sistémica, cómo el internet de las cosas se relaciona con la crisis medio ambiental y la brecha social?
El internet de las cosas permite medir variables ambientales haciendo visible las grandes problemáticas ecológicas que hoy enfrentamos. Esto tiene el potencial de ser usado para tomar medidas hacia sistemas más sustentables. En este contexto, para tener impacto pienso que la tecnología tiene que venir de la mano de políticas ambientales.
En cuanto a la brecha social, depende de los valores prescritos en la tecnología si eso deriva hacia una inequidad o igualdad de oportunidades. Por ejemplo, en China, en la ciudad “inteligente” de Xinjian, la implementación del internet de las cosas está diseñado para monitorear y reprimir a las minorías étnicas, específicamente a los uigures y otros musulmanes.

He ahí otro tema clave que también abordas en tu investigación, la problemática de la supervigilancia.
Es fundamental cuestionarse los problemas de privacidad mediante discusiones informadas. Por otra parte, es importante dejar de abrir las puertas a estos productos tecnológicos de manera pasiva y voluntaria cuando es a escala de cuerpo y hogar. Para esto se necesitan iniciativas que siembren y diseminen el material crítico dando el espacio para la discusión. Cuando esto escala a nivel territorio urbano, esto requiere acción por parte de organizaciones sociales que impulsen y promulguen políticas que establezca a nivel gubernamental, regulaciones éticas.

¿Crees tú que actualmente se está llevando a cabo una real discusión sobre la ética del internet de las cosas?
Existen algunas discusiones en la academia y lentamente en algunos gobiernos de la Unión Europea. Sin embargo, estamos a destiempo de la rapidez y dispersión de su implementación. Es fundamental que estas discusiones se hagan más prevalentes y que conlleven al desarrollo de políticas públicas.

¿Qué importancia tiene la transdisciplinariedad en el arte y el diseño para ser agentes transformadores en tiempos de crisis, cuando el desarrollo tecnológico avanza tan rápido?
El arte y el diseño son áreas fundamentales no solo para conceptualizar y visualizar áreas críticas y la distopía, sino también para proponer prometedoras visiones. Por ejemplo, el diseño especulativo es una gran herramienta para generar posibles escenarios del futuro y cuestionarse el hoy y el mañana. Hoy en día es crítico pensar y visualizar los problemas que se vienen y cómo queremos vivir. Al enfrentar problemas contemporáneos, estas áreas tienen el potencial de beneficiarse de la experticia de las disciplinas especializadas en los problemas filosóficos, sociales y ecológicos.

¿Qué relevancia tiene el sentido de lo humano en estos tiempos de crisis ambiental y donde la inteligencia artificial gana cada vez más terreno?
Lo humano se relaciona directamente con nuestra interrelación con el medio ambiente. Desde esa mirada, más que nunca, existe un rol fundamental en proteger los ecosistemas. En cuanto a lo humano, es fundamental rescatar y defender lo que nos diferencia de los algoritmos: la no-linealidad, particularidad e imprevisibilidad de la complejidad humana. Muy importante es también estar consciente de las problemáticas socio-políticas, limitaciones y reduccionismo que presenta la mentalidad digital así como también sus parámetros, tales como la eficiencia, optimización y control.

__

Delfina Fantini. Licenciada en Biología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y PhD en Innovation Design Engineering del Royal College of Art de Londres. Es investigadora transdisciplinar, cuyo trabajo se centra en las tensiones entre «inteligencia», diseño, sociedad, arquitectura y medio ambiente. Delfina es tutora e investigadora y profesora del programa en Design Products y Information Experience Design en el Royal College of Art.

La ilustración de esta entrevista fue realizadas por Constanza Salazar.