Arte, educación y naturaleza: construyendo nuevas formas para una realidad transformadora

María Jesús Olivos - Coordinadora de vinculación territorial de Fundación Mar Adentro

La capacidad del arte de fomentar el asombro, creatividad, pensamiento crítico, promover la reflexión y transitar de la mano de diversas disciplinas, la pone en un papel relevante frente a la urgencia de educar y generar acciones innovadoras para buscar soluciones a las complejas problemáticas ambientales y sociales que enfrentamos.

Resulta difícil generar conciencia sobre la importancia de nuestros ecosistemas y nuestra relación con ellos, si escasamente nos vinculamos con la naturaleza. Entonces, vuelve a surgir la interrogante: ¿cómo vamos a cuidar lo que no conocemos?

Como punto de partida necesitamos cambiar nuestros modos de ver, entender al ser humano como un ser integral que forma parte de un todo. De esta forma, comprenderemos el paisaje que habitamos como un espacio de enseñanza-aprendizaje, donde podemos reflexionar sobre nuestras formas de habitar nuestro territorio y así, comprender cómo nosotros y cada elemento de los ecosistemas de la tierra se encuentran interconectados.

En el mundo del arte, ya desde los años 60’ diversos artistas buscaban volver a conectar con la naturaleza y generar conciencia sobre nuestra relación con ella. En esos tiempos, la desmaterialización del arte y la aparición de la performance, trasladaron el arte fuera de los museos y galerías para convertirse en una herramienta de transformación social. De ahí en adelante, el arte comienza a atravesar otros campos como la educación y el activismo en distintos ámbitos, entre ellos el ecológico y el movimiento feminista.

Uno de los pioneros fue el artista alemán Joseph Beuys (1921 – 1986), quien realizó acciones de arte colectivas para generar conciencia social y ambiental, tales como la plantación de 7.000 robles en Kassel, Alemania para Documenta 7 (1982 a 1987) o limpiar un río en Hamburgo (1962). Unido a esto, Beuys fue un revolucionario al plantear la enseñanza como experiencia artística.

A su vez, en esa misma época en Chile tras el golpe de estado de 1973, el Colectivo acciones de arte (CADA) compuesto por Nelly Richard, la escritora Diamela Eltit, el sociólogo Fernando Balcells, el poeta Raúl Zurita y los artistas visuales Lotty Rosenfeld y Juan Castillo, estableció la urgencia de acortar la brecha entre arte y vida, donde la ciudad es un museo y la vida es la obra de arte. De esta manera, crearon acciones de arte que buscaban atravesar las problemáticas socio-políticas del momento. Una de ellas fue la acción Para no morir de hambre (1979) en la que se entregaron 100 bolsas de medio litro de leche a habitantes de la comuna de La Granja y que luego un grupo de artistas utilizó esto como soporte para realizar una crítica social.

Hoy, treinta años después, gran parte de las problemáticas que movilizaron a algunos movimientos artísticos y de educación ambiental a nivel mundial siguen vigentes. Con la diferencia de que en estos días el cambio climático es una realidad.  Necesitamos un cambio urgente y para lograr la transición ecológica no se trata solo de un cambio energético; es insuficiente si no va a acompañado de cambios profundos en el imaginario colectivo para desaprender prácticas y lenguajes que se basan en un sistema de valores dominante, que pone en un mismo plano los bienes materiales, los bienes culturales y los espacios naturales. Es necesario detenernos para reaprender el mundo y cómo nos relacionamos con él.

Por esta razón arte, educación y medio ambiente unidas pueden ser un instrumento transformador de conciencia y de valores socioambientales. La sinergia de estos tres mundos pueden despertar formas de vivir, producir y consumir acordes con la equidad y los límites del planeta.

¿Puede el arte construir realidad y crear otras formas de relacionarnos con el medio ambiente?

En principio, la educación supone un cuidado por el otro y una práctica basada en la escucha y el intercambio; involucra los afectos, la reflexión y la posibilidad de generar cambios sociales. Por otro lado, el arte se entrelaza con la educación aportando desde el pensamiento divergente, la experiencia estética, la resignificación del error, el desarrollo de la subjetividad y la producción cultural. Y en la frontera –o más bien en las grietas– emergen proyectos colaborativos artístico-educativos que borran límites geográficos y generan alternativas para hablar nuevos idiomas e imaginar mundos posibles.

Si lo llevamos a la educación ambiental, las metodologías artísticas pueden ayudar a facilitar un conocimiento holístico para tomar conciencia de nuestra dimensión ecológica y sembrar el compromiso por el cuidado de todo lo vivo. Que cada quien comprenda su papel en el entramado social y natural, y lo asuma desde el espíritu de colaborar por el bien común.

Los procesos creativos en el arte pueden significar un aporte a la educación ambiental desde la conciencia individual a lo colectivo: la experiencia estética y el potencial transformador del arte colaborativo.

La experiencia estética se basa en la frescura de la vivencia, en dejarse afectar por las sensaciones y los sentidos, para dar paso a nuevos significados y tomar conciencia de nuestra experiencia de estar en el mundo. El sujeto aprende del mundo a partir de su relación con él, de posicionarse, de tocar, percibir. Existen muchas propuestas educativas que incorporan la experiencia estética como herramienta, tales como la pedagogía Reggio Emilia (Italia) basada en el aprendizaje vivencial, la curiosidad y el asombro. O también el ejemplo de Bruno Munari (1907 – 1998) con sus talleres del tacto, fomentando la autonomía en la exploración y la construcción de conocimiento.

Por otra parte, desde el ámbito colectivo, el arte colaborativo es una vertiente del arte que surge en los años 60 en Europa y países nórdicos, y luego se manifiesta en Latino América en los años 90 junto a la educación popular propuesta por Paulo Freire. Es un arte centrado en un contexto que busca crear procesos colaborativos y de negociación entre diversas redes locales en base a temáticas que surjan de la misma comunidad en torno a su territorio. Por medio de prácticas artísticas, uno de sus enfoques es crear espacios de aprendizaje colectivo, así como también narrativas que visibilicen tensiones o multiplicidades de una misma comunidad, a partir de los significados individuales y colectivos.

Bajo este marco, el arte colaborativo puede ser también una manera de generar conciencia sobre el impacto de la crisis climática en nuestra realidad más cercana. Construir sentido de pertenencia a una comunidad y a un ecosistema, y de esta manera identificar aquello que se quiere proteger y preservar.

Finalmente, el cruce de arte, educación y medio ambiente es una invitación a apostar por lo invisible; los cuidados, la escucha, el encuentro, la creatividad y el juego. Se trata de la lógica de lo vivo. Si nos arriesgamos a repensarnos en colectivo, con todo lo que esto implica y abrirnos a reaprender el mundo, cómo nos relacionamos con él, retornando al cuerpo y la experiencia, puede ser un buen punto de partida hacia la transición ecológica.

Es difícil abordar la incertidumbre, por esta razón el arte como plataforma interdisciplinar, abierta a la experimentación, la colaboración y el placer de descubrir e imaginar mundos posibles, junto con la educación ambiental al comprendernos parte de un ecosistema, unidas pueden ser de gran ayuda para descubrir herramientas de resiliencia y adaptación a la crisis climática en busca de un buen vivir. Somos naturaleza, formamos parte de una gran red de vida generosa y creativa que nos invita a escuchar, experimentar y observarla con atención.

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María Jesús Olivos. Coordinadora de proyectos territoriales en Fundación Mar Adentro. Artista y educadora de artes visuales cuyo trabajo se ha enfocado en el desarrollo de proyectos artístico-educativos y colaborativos para explorar temas de identidad y territorio. Desde el 2008 profundiza en la performance y el aprendizaje a través del cuerpo, de esta manera sus inquietudes se extienden a procesos creativos interdisciplinares. Cuenta con un Magister en Arte y Educación de la Universidad de Barcelona.